sábado, 10 de octubre de 2015

camareros son psicólogos y encima dan de beber




El bar. Las esperas de media hora para el baño para que salgan una mujer y un hombre del mismo baño frotando su nariz. Sus labios.
El bar. Que cierra sus puertas cuando la poli se acerca y te deja quedarte dentro para seguir fumando y bebiendo hasta desgastar el alma. La poca que te queda.
Huir. Pensar que no es lo que quieres para tu alma. Que ya está bastante desgastada. Que habrá que darla un respiro.
Las charlas de un desconocido que cree que me conoce y me llama bitelchus, y me dice que no me destroce. Que soy joven y bonita. Y yo le digo que se calle. Que no son sus labios los que me dicen para. Que sos sus corazones los que quieren abrazarme. Y yo no estoy para estos trotes.
No me des la charla, aléjate de mí. Me alegra que te preocupes por mí, pero no me conoces.
Los cigarrillos a medias, los, "coño, tira eso que viene la poli", los no hagáis ruido me cago en la hostia. Los bailes de ska y los bailes de tocha.
El bingo y mi jodida mala suerte.
No me cabe la sonrisa en la cara.
Coger a la suerte del culo y decirla que no la necesitas. Que te va bien con la mala y que te hace creer que la buena nunca te enseña lo que es bueno. Y una vez que te enseña lo malo, aprendes a apreciar lo bueno.
Y ponte otro tercio que este ya hace tiempo que se ha terminado.
Salir agotada de cansancio. Cruzar las calles oscuras y pensar que cualquier hijo de puta que pueda acercarse se llevará un cigarro en el ojo. Sentirme fuerte. Odiar esta sociedad. Odiar al mundo entero. No me caéis bien.

El bar, que abre las puertas y se desangran las heridas. Las lágrimas reprimidas en la barra por un amor que no redime. Por una vida que no da tregua. La barra que ha visto de todo y nada calla. Que deja sus machas de alcohol y tus historias por los suelos. Que ahí fuiste infeliz y allí te metiste tu primer tirito. Tiritar por el frío de Octubre.
Volver al bar a refugiarse de uno mismo. Dónde estoy y por qué no hay espejos.
Quizá para no vernos las caras de enfermos. Seguir manteniéndonos.
¿Quién eres tú? ¿a quién le importa?

Nacemos solos;
morimos solos.
Y a veces con una nota de auxilio.
Ahora lloráis porque no hay remedio.
Los corazones rotos y las caras falsas.
Bon voyage, por mi parte, nada más.

El bar, que te da envidia con su Jacks Danield's en la barra. Soy demasiado caro para ti, asúmelo.
Ni siquiera tienen alhambra. Habrá que conformarse con heineken.
Ya me he conformado a esta vida, puedo permitírselo a una cerveza.
Los textos enfermizos a las 04:18 de la mañana.
Las despedidas entre líneas de las que nadie habla.

Los: ¿te has dado cuenta de quién es?
El echar de menos a las cinco de la mañana. Pensar mil veces en llamar. En colgar en el primer tono. Con oculto, claro. Cubrirse las espaldas.
Dejar pasar como si no te importara. No quieras entenderme porque no quiero explicártelo.
La chilaba. Sonreírle a alguien que desconoces. Ofrecerle media vida en tu cama y echarlo a patadas. Aquí no queremos a ladrones de corazones rotos. Que los pasillos guardan silencio y el reloj no para de repetirme lo absrudo de mi tiempo. Lo absurdo de mi vida y lo contingente que es mi existencia.

No tengas prisa por olvidarme, que siempre soy la que sonríe detrás de la barra donde nadie la ve. Y en esa, casi nadie suele fijarse.

No tengas pena por mí;
yo no la tengo por ti.

viernes, 2 de octubre de 2015

es ruido todo lo que esconde.



Había una vez una chica triste que huía del frío que la quemaba por dentro, e irónicamente lo hacía en el frío de la calle, en el frío de los hielos que se derretían en su vaso; y sonreía.
Sonreía porque amaba el frío, su cielo gris, el viento que despeinaba su cabello, sus nudillos rojos y agrietados, al igual que sus labios, su lluvia y el sonido que entraba por la ventana cada noche para acompañarla en su tristeza y convertir su silencio en melodía.

Había una vez una chica con el corazón tan congelado, que la daba igual en qué manos dejarlo, sólo quería deshacerse de él. Y cuando por fin encontraba unas manos tendidas y lo dejaba allí; éste caía al suelo y se rompía en mil pedazos.
Os sorprendería saber la cantidad de rotos que se le pueden hacer a algo que ya estaba completamente roto.

Había una vez una chica que no lloraba nunca, porque dolía. Si el corazón era de hielo, imagínate las lágrimas. Así que escribía con la esperanza de que dejase de doler. Pero nunca lo hacía. Y quizá la encantaba estar triste y tomar café a las seis de la mañana mientras se preguntaba qué hacía despierta si a nadie le importaba. Y soltaba el humo como un suspiro inmenso. Y se abrazaba a su dolor y éste nunca le fallaba.

Crecía en su silencio cada día y a cambio pedía un poco de tregua (en su cabeza) que jamás guardaba silencio. Así que ponía la musica en sus cascos para poder desahogarse en otras vidas y nunca pedía nada a cambio. Ella sonreía para ella misma y se desnudaba para sentirse libre.
Nada de amor, ni de compartir silencios ni tristeza.

Había una vez una chica egoísta que amaba su tristeza y odiaba a todo aquel que llegaba y decía "conmigo aquí dejarás de estarlo"; como si yo se lo hubiera pedido a alguien.
Cierra la maldita boca. No pretendas llegar y quitarle el sitio a alguien que lleva tanto tiempo conmigo, que incluso la quiero.
Quién te crees que eres tú para decir eso.

Cerrad la puta boca.
Había una vez una chica preciosa que en realidad no lo era y soltaba mucha palabrota por la boca, y bebía cerveza de tubo mientras sentaba su culo en el suelo y se fumaba un buen porro para olvidarse de su existencia.
Como comprenderás no le interesa una mierda lo que digas.

Así que, silencio, por favor.
Los poetas estamos cansados del ruido.

martes, 29 de septiembre de 2015

Cuando escriben los poetas.



Hablan los poetas de los corazones rotos, los vasos vacíos y sucios de algún bar en donde nadie se mira a los ojos y vacían sus almas en pequeños frascos de cristal. Hablan los poetas sobre la luz de la luna, cuando está llena, y ya no parece tan pequeña ni tan frágil, de como las estrellas se quejan de su soledad infinita, que ya ni existen.
Hablan los poetas de lugares, como si fueran inmensos y no acabasen. Como si fuese infinita su belleza, como si el hombre nunca fuera a destrozarla, como lo hace con todo.
Escriben, los poetas escriben y callan.
Porque el silencio también es poesía y a veces dice más que mil palabras juntas. Escriben porque saben que alguien escucha, y nadie quiere ser juzgado de loco cuando hablan de unos ojos que no han visto nunca.
Hablan de las botellas vacías, de los colchones abandonados en alguna esquina, de las jeringuillas de los parques donde la vida pasa rápido e ignora. Porque a nadie le importa si no la sigues el ritmo.
¿Y a los poetas? ¿Quiénes les escriben?
Quiénes hablan de sus ojeras inmensas por un amor que no redime y que ya no existe, pero perdura en la memoria porque los poetas no olvidan... porque olvidar es antipoético. Los poetas rompen sus poemas pero siguen estando en su cabeza. Quiénes hablan de sus ceniceros llenos de cenizas, de su vaso lleno de whisky y sus miles de libros apilados en la estantería, y en los muebles. Quiénes lloran por los poetas, si éstos no lo hacen. Quién les dice que todo va a ir jodidamente mal, pero que no están solos. Si los poetas aman la soledad y añoran el calor de un abrazo sincero. Quién entiende a los poetas que se contradicen una y otra vez por un poco de cordura que en realidad ni quieren.
Los poetas escriben, hablan de la vida que pasa desapercibida en los ojos de un cualquiera que no sabe pararse a ver, en vez de a mirar. Hacen que el tiempo cobre sentido fuera de las agujas del reloj.
Los poetas dan sentido a nuestras vidas, mientras la suya carece de él.
Unos ojos que no llegan para redimir sus almas en pena.
Y entonces; silencio.


Silencio,
los poetas están escribiendo
así que cierra la maldita boca.

domingo, 20 de septiembre de 2015

ognimod



Cuando el mundo agoniza,
yo escucho su risa
y me calma.
Supe curarme las heridas sola,
a lamer los arañazos del corazón
y evitar desangrarme entre otras manos.
No me pidas imposibles cuando cae la noche, que ya sabes que me llaman tristeza y mi vida depende de abrazarla a ella.
Pídele a tus miedos que desaparezcan, no te preocupes si ver a mis demonios es un problema, que sé como esconderlos para que mis manos acaricien ésta vez.
Pero no me pidas que me aleje de mi infierno, porque allí siempre seré yo, y lo de un tú que promete y abraza mis heridas, acaba yéndose por echarse todo mi peso encima. Y qué le voy a hacer, si yo nunca le pedí a nadie que cambiase lo que soy.
Quiéreme con todo lo que eso conlleva.
Que yo ya analicé cada detalle, cada gesto y cada cicatriz para saber dónde duele y nunca acercarme.
De eso se trata quererse, de saber dónde derrumbar a alguien y sólo acercarse para besarse.
Mírame, puedo hundirte en lo más hondo y sin embargo te estoy manteniendo a flote.
Ódiame porque soy un desastre y destrozo todo lo que toco; porque adoro como se siente cuando me echas la bronca por ser insoportable pero te quedas ahí, esperando por que baje la guardia para acercarte y hacerme débil otra vez entre tus brazos.
Que nunca antes alguien ha sabido derretirme cuando me convierto en hielo. Y sin embargo, tú, no haces otra cosa.
Quizá la respuesta sea no preguntarse el por qué, pero si hay una razón por la cuál apareciste en mi vida para ponerla patas arriba y hacerla gemir, no voy a quedarme quieta hasta averiguarlo.
Voy a estar ahí.
Después de tanto tiempo, al fin, voy a ser.

martes, 8 de septiembre de 2015

love u mama.


Lo noto romperse,
caer en pedazos
como se esfuma un suspiro
o un beso en la parada del bus.

Noto como se lleva todo por delante
desquebrajando mi alma
y me pregunto: «¿cuánto?»
¿Qué importará eso ahora?

Miro el reloj,
tic-tac,
tic-tac.
Todo parece ser como siempre,
pero no es así,
sus ojos empiezan a humedecerse...
aún no.

Mantengo la calma,
pero ya se ha ido
sólo me quedan los demonios
apretando el pecho: «hola, ansiedad»
y sólo lo ha conseguido con una sola palabra.
Increíble.

Excusas,
excusas grises y frías
miradas tristes
un adiós que no se dice
por miedo a escucharlo
de sus labios, o de los míos.

Y,
lo noto,
la sensación del pecho
de sentir
debe de ser un milagro
pero duele, como un puñal
otro más
y sangra.

Adiós,
y un beso por mejilla
un abrazo de compasión por nuestras almas.
Y luego,
«silencio».

De eso se trata,
de fingir estar cuerdo
en un mundo de locos
y ahora lo comprendo todo.

Toda una vida, en un suspiro, adiós.


jueves, 3 de septiembre de 2015

nal.



Sentí vértigos.
Abrió un agujero en mi pecho por dónde se veían ángeles llorando. Le dijo a mis sueños que no eran reales y éstos acabaron por abandonarme, también, como cualquier cosa que sucede en mi vida. Dejando otro agujero, donde yo guardaba la alegría.
Luego, los pájaros dejaron de cantar en mi ventana. El cielo se volvió gris, todas las luces apagadas junto a la llama que alguna vez tuve. Junto a la sonrisa que dejé de ponerme.
La de verdad, quiero decir.
En esta vida hay dos tipos de personas: las románticas y las realistas.
Las realistas guardan el rostro de otra cara bonita, mientras que las románticas creen que Dios la ha puesto ahí para ti. Pero Dios no existe y los realistas follan más.
¿Y el punto medio? Había un filósofo, no recuerdo cuál, que dijo que el secreto de la felicidad era el punto medio. Sin pasarse pero tampoco sin llegar. Justo en el medio. Y yo siempre me pasaba de la raya, nunca mejor dicho.
Nunca encontré el equilibrio y, ¿cómo hacerlo con todo este desorden en el coco?
Yo le decía que era arte. Quizá para aliviar un poco el dolor que sentía, y lo convertía en un par de líneas torcidas en un cuaderno que sólo yo sabía que existía. Ahora ya no.
Siempre fui el bicho raro y eso escocía un poco en las miradas que tenía que soportar cada día. Un poco cínica. Algo promiscua, quizá.
Yo prefería seguir llamándolo arte.
Lo demás, ¿qué importa?
Mi problema fue que creí que tú podías curarme, y sólo yo puedo hacer eso.
Contigo me siento un poco menos cínica. Y olvido que todo esto me supera con creces. Haces que me sienta comprendida en un mundo de mierda en el que yo nunca elegí estar. Quizá es eso, que yo no pedí nada y me encontré con todo a solas.
Perdóname si a veces me paso de triste.
Quédate, por salud.

jueves, 27 de agosto de 2015

XXVIII


Quizá sea demasiado pronto, o quizá sea demasiado tarde para escribirle a algo que ni siquiera existe. O quizá solo quiera adornar las noches que, por culpa de eso que dicen de que la adolescencia es eterna mientras dura, tengo que soportar cada noche.
Bueno, quizá sólo sea eso. Que no sé qué decir. Que el frío también quema y pocas manos han sabido hacerme derretir entre sus dedos. El hielo siempre se hace desde otro estado del que depende, por el contrario jamás podría existir. Quiero decir que hay corazas muy mal hechas a veces, precisamente para que sean derruidas. O para que salir de ellas no duela tanto como lo fue entrar dentro.
Y quizá esto no le importe una mierda a nadie nunca y sea cierto eso que dicen de que los artistas tienen demasiada mierda en el coco como para dormir por las noches, aunque tu sudor siga oliendo a sexo y tu cabeza haya dejado de pensar en qué, ni cómo, ni cuándo.
He de confesar que da miedo sentirse muerta tanto tiempo por dentro y que, de repente, haya una chispa de vida y que, joder, para morir siempre hay tiempo.
Bueno, siempre he sido fan de esta frase: "No tengas pena de los muertos, sino de los vivos. Y sobre todo de aquellos que viven sin amor". Y sin embargo me he pasado la vida diciéndole adiós a personas jodidamente bonitas en mi vida. Porque yo me convertí en odio.
¿Sabéis eso que dicen de que amor y tristeza están relacionados? Que si no te hace sufrir, tampoco puede hacerte feliz y qué jodidamente sencillo parece a veces romperse en pedazos y que a nadie le importe una mierda lo frágil que tienen el alma. Nadie escucha jamás los cristales rotos.
Puede que tengan razón y que a veces lo eterno sea efímero, pero dure siempre en la memoria y que envejecer al fin y al cabo sólo sea acumular recuerdos que sólo los poetas y los locos saben dejar no sólo en su memoria donde tarde o temprano morirá.
Y qué bonito es a veces escuchar a Leonard Cohen. Y qué vulnerable se siente mi pequeña guerrera a veces.
¿Cómo fiarse de alguien que te ha fallado tantas veces? Quiero decir que, ¿cómo fiarme de mí?
Puede que quizá haya querido frenar un poco, pararme a ver en vez de mirar. Dejar de buscar y encontrar. Pequeños detalles que no podía ver a la velocidad en la que mis pensamientos cruzaban por mi mente y que eso de las voces es normal a veces. Las mías. Cállate.
Puede  que me guste que sea un capullo cuando me mira y no ve nada, no importa, aún tengo el alma reparándose, no te preocupes. Quizá algún día te abrace y no solo sostengas mi cuerpo. Rélajate y disfruta.
Todo esto es cosa mía.
Y no me importaría amanecer contigo en una cama de 90 donde no quepan mis ganas con las tuyas. Que me beses y de vez en cuando digas cosas absurdas, como que me quieres y me folles un ratito antes de la despedida.
Descubrir cada rincón de tus memorias será mi nuevo hobbie por ahora.
Habrá que aprovecharse de que hay miedos que a veces se me olvidan cuando veo tu sonrisa y habrá que callar un poco a los demonios que no me dejan disfrutar de la caída.

He dejado de ser luna y me siento un poco más loba. Quizá por eso de la luz y de que ya no rozo el cielo tantas veces al día pero sí que le aullo a mis ganas de tener cerca a gente que se me fue allí arriba.
Podríamos ser un poco más humanos pero a veces se me olvida que esto ya no existe y que, joder, a ver si desaparece.

miércoles, 26 de agosto de 2015

Tristessa.


Si existe alguien ahí arriba, se debe estar mofando mucho. Lo circunstancial, a veces, lleva consigo los reproches. Ten cuidao con lo que pides, que puede cumplirse.
Es probable que me pase de la raya a veces, que me pongo en un extremo y al segundo en el otro. No me lo tengas en cuenta; es esta cabezita loca, que nunca sabe lo que quiere.
¿Qué habría sido de mí contigo? No sabes cuánto me alegro de haberme ido.
A destiempo, como siempre. Pero joder, qué alivio. He estado a punto de perderme esto y es que, resulta, que no os necesito.
Esto es algo así como los colores, que reflejan todos menos el que tú ves.
Una ilusión óptica.
Jamás sabréis cuál soy yo, ni por qué muerdo mi boca cuando falta media hora para que baje del tren.
Sufro más de la cuenta, me echo el peso encima de cosas que no me corresponden. Hago del granito la montaña entera y espero a que alguien la derribe o algo. Demasiado débil o demasiado vaga.
Por eso te doy las gracias, por ser así como tú eres. Por ser ligero y recordarme que alguna vez, yo también lo fui.
Estoy en ese momento de mi vida en el cuál nada me pertenece. No sé quién soy, no sé a dónde voy ni sé dónde quedarme. De momento todos mis recuerdos arden. Gritan. Sé lo que fui y de dónde vengo, pero, ¿a quién le importa eso? ¿qué más da si sufrí en el pasado? ¿Acaso vas tú a preguntarme?
Hay heridas que es mejor dejar de lado, si cicatriza o no le echaré la culpa el tiempo, que se supone que todo lo cura.
Y sí, es una locura esto que siento.
Se me hace difícil no sentir tanto asco.
Puede que me vuelva a dar miedo todo de golpe. Pero nunca sabréis lo que estos ojitos esconden.

sábado, 15 de agosto de 2015

bye bye, fuck you


Decir adiós a tanto y a tan poco. Despedirse de un lugar donde has sido infeliz la mayor parte del tiempo, y que sepas que vas a echarlo de menos.
No estoy hecha para las despedidas. Por eso desaparezco en silencio y las voces llaman a lo lejos. Las mías, siempre, y nunca las de nadie.
No estoy hecha para muchas cosas en esta vida. Eso lo asumí ya. Después de tanta mierda, ya no recuerdo con certeza cuál de ellas me hizo asumirlo de una puta vez. Aunque siga dándome la hostia contra el muro. Contra el mío.
Quizá es eso, que no sé tirarlo y no hay Romeo que escale por verme.
Prefiero un hijo de puta que los destruya y además folle de puta madre.
Quiero decir que, la vida me sienta mal. No me salen las cuentas de por cada cosa buena, ¿a quién pretendo engañar? Nunca es lo suficientemente bueno como para olvidar una vida de daño, psicológico, que duele más.
Estar solo contigo mismo es acojonante. Y no de divertido. Aprendes de ti mismo y chicos, hay cosas que nunca deberíamos descubrir de nosotros mismos porque luego te acompañan las voces y los remordimientos.
Despedirse de nadie, como siempre. Porque nunca dejo nada atrás, más que recuerdos y el peso a la espalda.
Nunca conservo nada y ya no sé si me largo yo o me dejan marchar ellos. El caso es que no verán mis lágrimas porque no las tengo.
Es otra de las cosas de vivir en este coco. Llorar es un privilegio que poco me puedo permitir. Y cuando sucede, es peor que la mañana siguiente de speed. La cabeza palpita y la vida te pesa más de la cuenta. Dolor, resaca; por así decirlo. Así que, si llorar es bueno, con esas consecuencias. Drogarse debe de ser la hostia para el cuerpo por eso de que además te deja dejar de ser un rato.
No sé, ¿despedirse de qué?
¿A alguien le importa?
Jamás hablarán de mí en la comida.
Ni me sacarán al baile. Ni podré dejar al cachas por el chico tímido y triste de la clase.
Creo que quizá la vida es una despedida constante y que, sin ir más lejos, hoy he tenido que despedirme de mi gato. Y hay más amor hacía ella que hacía nadie. Se me ha vuelto a romper otro cachito del pecho. Y confieso que he dejado caer algunas lágrimas.
No se me da bien muchas cosas en la vida, ni tampoco me gusta.
La verdad, no sé que pinto aquí.

jueves, 6 de agosto de 2015

sadness


Cerrar los ciclos no es tan fácil.
O quizá soy yo, que me paso la vida buscando soluciones a problemas que todavía no han llegado. Como a qué sabrán tus besos por la mañana, ni si me seguirás queriendo al día siguiente.

Ser una chica triste no es tan bonito ni tan poético como lo pintan. Sobre todo cuando nadie te escribe, ni escribe sobre tus ojos tristes cada día al despertar y cada noche al cerrar los malditos ojos.
No es divertido. Siempre andas de mal humor por eso de que nunca se sabe cuando algo o alguien puede venir a darte una hostia en la sonrisa. Y subir sólo implica bajar. Y mantenerse estable parece más seguro que volver a caer. Más hondo. Créeme, siempre hay más.
Y cuando el corazón te pide un poco de tregua, la cabeza te quiere estallar continuamente.
No, no lo hagas.
Y cuando crees que él puede calmar tus incendios; echa leña al fuego. Y, eh, quieto. Que no tengo el corazón para estos trotes, si es que alguna vez lo he tenido.
Ser una chica triste es, como podéis deducir, jodidamente triste.
Todo te parece insuficiente. Todo tu alrededor se convierte en nada. Y todo el que quiere ser alguien, en nadie.
Todo es insignificante. Y no es que las cosas puedan ser mejor, para nada.
Es que un día lo fueron. Un día sonreías sin miedo. Un día sentiste amor. Un día algo fue todo.
Y de repente: nada.

¿Sabes cómo se siente despertar y saber que, aún estando aquí, ya no existes?
Lo que un día fuiste, se largó. Se esfumó y en su lugar un montón de nada que pesa y te hunde hasta el fondo. Cada vez más y más hondo.
Es difícil explicar cómo se siente.
Como un día ya no eres. Sólo estás.
Y nada, absolutamente nada te importa una mierda.

Y sí, es cierto eso que dicen: que de algo hay que morir. Y que, para cuando ya te sientes muerta por dentro. Justo en ese momento, te da igual de qué, cómo y cuándo.
Y sí, haces cosas que probablemente, de haber seguido siendo lo que eras, jamás habrías hecho.
Y para cuando te has acostumbrado a la vida: ya es demasiado tarde.

Quizá sea eso; que ya he tocado fondo.
Que los ciclos se hacen bucle y el fondo vuelve a ser principio. Y nunca hay fin.
Que ya jamás será como antes.
Que tus sueños se ven muy lejos y demasiado rotos. Que ya da igual.

Y ese,
ese es el problema de ser un triste:
da igual.

Y eso, a nadie le importa.

lunes, 3 de agosto de 2015

contritum vitae


A veces la vida te pone las cosas en las narices y tú no las debes coger. Es una puta trampa. Y esta humanidad una puta avaricia. Déjalo ahí. Párate a mirar. ¿Merece la pena? en vez de, LO HE VISTO PRIMERO.
En serio, a veces la vida se pasa de zorra y te pone las cosas adrede y joder, ninguna es buena. Ninguna te da tregua, y yo quiero descansar de toda la puta vida igual. Da igual si la acaricias porque ella sentirá arañazos.
Yo te quise y no fui correspondida. Ahora no te atrevas a pedirme nada. Te odio. No me gustas. Nunca elegí estar contigo y, sin embargo, no nos queda otra. Bien, pues pasa de mí. Como yo lo hagode ti. No quiero nada tuyo.
A veces intento ceder... preguntarle cómo está hoy, decirle que me llueva un poco, que también me cansa tanta luz. Que necesito oscuridad para ser yo misma y que me gusta más cuando es fría y se hace de rogar. Que me obliga a llevar capucha y a ser triste en armonía y no en esta puta jungla llena de personas vacías que no me importan una mierda.
En serio, nadie te ha pedido nada. Déjalo ya. Déjame ya.
Deja de poner cosas y deja de quitarlas.
Me gustabas más cuando eras solitaria y toda esta escoria no te gobernaba.
A veces pienso que no estoy hecha para ti, vida. Y cada día me lo confirmas un poquito más.
Ya sé que tú tampoco me quieres, así que dime; ¿ahora qué?

lunes, 20 de julio de 2015

tic-tac, tic-tac..



No me arrepiento del tiempo.
Del tiempo que estuve a solas conmigo porque todo a mi al rededor se volvió oscuro. De las veces que la muerte llamaba a mi puerta vestida de suicidio y yo le decía que no, que hoy no, quizá mañana.
Las veces que escribí auxilio entre líneas que nadie nunca leyó. Yo siempre fui la chica triste que se escondía bajo una sonrisa rota por los golpes. Y nunca se quejaba de su miseria por si ésta la oía y volvía a hacer de las suyas. Siempre hay un piso más en el sótano de mi desgracia. Un pozo sin fondo, como a veces le llamaba sentada en la barra, cuando irónicamente mi copa se vaciaba y tocaba fondo en seguida.
No me arrepiento si digo que no voy a echar de menos. Que no dejo nada atrás que merezca la pena. Y se reían de mí cuando iba soltando lastre - no te rías tanto que tú para mí eres mierda, un mediocre - y creían que era rara por hablar conmigo e ignorar al resto.
No es un martirio ser distinto. A veces hablo demasiado conmigo y todo empieza a dar tumbos, y se viene todo abajo. Como si todo mi camino hubiera sido en balde y tuviese que dar pasos hacía atrás. Un castillo de naipes.
Miento si digo que he sido feliz todo este tiempo. Que llevo tanto tiempo perdida que esquivar al minotauro me parece facilísimo en este laberinto en el que vivo. Ya no me sorprenden las despedidas a destiempo. Las espero y las encajo lo mejor que puedo.
Que no se note que se me resquebraja el alma un poco en cada adiós que nunca trajo consigo un hola, pero que yo sí escuché. Quizá debo ser menos analítica y vosotros menos hijos de puta.
Es probable que exagere mis heridas y vaya como un perro abandonado buscando algo de cariño en las esquinas. Pero recuerda que una vez lo consigo, volveré a por más... quizá a veces demasiado perra. Quizá otras demasiado gata.
Sólo quiero que me des lo que te pido y lárgate, no te he pedido que me abraces. Pero quédate.
Siempre he tenido muy presente quién soy y de dónde vengo. Pero quizá ya no lo recuerdo. Yo no culpo a nadie, pero yo no he sido. Yo también busco explicación a mis malas acciones. Yo también sé lo que puede picar la tocha y lo que es no dormir hasta las tantas. Hasta los tontos saben que no pueden acercarse. Porque muerdo y todo eso.
Voy a pedir permiso para marcharme de tu vida pero dime antes en qué parte me encuentro.
Tú que te haces llamar amigo. ¿Dónde estás cuándo eres feliz y yo te necesito? ¿Dónde estoy cuando no debo? ¿Dónde se quedaron las noches compartidas más allá de los canutos?
Y ahora que te has quitado la máscara y puedo ver más allá de lo que aparentaba ser. Quiero decirte que, gracias y adiós.
Voy a pedir un deseo y sólo quiero que la gente que no me quiere, se aparte de mi camino. Que si yo quiero joderme la vida, seré yo mi verduga.
Ahora quiero estar sola intencionadamente. Ciega adrede, como en otras ocasiones.
Despídete de mí. Conmigo nunca es demasiado tarde. Quizá demasiado pronto.
Lo sé, lo siento.
Me han cambiado el sentido las agujas. O de sentido.
Tú qué andas mirando, no lo entiendes.
Despídete de mí, se me hace tarde.

💉🔫💣




Vueltas y más vueltas, después de esta me abandonaré a la deriva. Como si de un naufragio se tratase. La verdad, no veo la diferencia.
Después de los gorriones grises, y dejar a un lado el negro. Los cuervos me parecen un ser precioso y digno. Y me cansan las idas y venidas. Y me he enamorado de tu culo. Quizá tú no lo sepas pero me he mordido el labio innumerables veces cuando te dabas la vuelta y luego venías a seguir haciéndolo tú.
¿Qué problema hay en enamorarse de situaciones, lugares u olores? No te quiero a ti, te quiero a ti conmigo y follarnos hasta hacernos daño. No hacernos daño y después ni siquiera follarnos. Ni vernos.
Qué problema tenéis con mis intenciones. Que no soy yo quién ata la cuerda para volver a verte. No soy yo la que pide que te quedes. Así que, bien, puedes largarte. Mejor así, antes de tener más recuerdos y enamorarme de los que aún no existen, pero en mi cabeza sí.
Mejor así que tú estás lejos y yo sigo sin encontrarme.
Mejor así, que sigo muerta... antes de que me des vida y tenga que suicidarme.

sábado, 18 de julio de 2015

Cruce de miradas.

A veces la vida, esa zorra hija de puta, te pone el camino delante de las narices y resulta que tú ya te has cogido el metro. Será que estoy aprendiendo.
Y la plaza está llena de nadie. Y entre ese nada ella alza la mirada y se cruza con la de un chico que lleva ya su "a saber cuántas" cerveza. Ella le sonríe y él agacha la mirada y se va.
De ahí habría salido una bonita historia de amor, digo yo.
No os culpo de esta inconformidad mía. De querer dormir a todas horas y hacerlo 3 horas ¡por fin! y otra vez toda la maldita tarde con un sueño de mil demonios. No encuentro mi almohada, no me sirve tu hombro.
Ponte mis complejos de cinturón y a ver si toda esta mierda sirve para algo.
Sábado en la plaza donde cuatro niños me ganaron al fútbol y yo todavía con los bolsillos llenos de barrio.

sábado, 11 de julio de 2015

«Cartas para M».






Lo siento.
Quizá debí curar la herida antes de dejarte entrar dentro. Y te culpé a ti de mis noches sin dormir, de mis manías y mis malas formas. Te di demasiada responsabilidad en un momento. En uno especialmente jodido para mí.
Quise que fueras mi guardián entre el centeno. Te dejé la llave, a sabiendas de que no querías entrar dentro. Y casi te obligué a ello. Casi creía que era culpa tuya, y no mía.
Pero, en mi defensa diré, que jamás había querido de ese modo. Habría ofrecido mi vida a cambio de una sonrisa sincera tuya. Y no esa tonta manía de torcerla y de agachar la mirada como un niño.
Fui bastante inmadura, y quizá debí largarme antes de que, inconscientemente, quedase atrapada dentro y te arrastrase a ti conmigo a este absurdo infierno que había creado para los dos.
Perdóname porque no era yo. Era mi corazón roto buscando alivio. Fui egoísta y muy poco sincera...
Siento haberte hecho creer que yo podría haber sido la madre de tus hijos, y todo ese rollo de sacarte de la mierda.
He estado perdida demasiado tiempo, y no era en tus ojos verdes donde yo debía encontrarme. Ni siquiera debí buscarme en ellos. Tengo tan poco amor propio que necesitaba, de veras, estar allí dentro. Que me abrazaras sin usar las cadenas.
He llorado tantas veces bajo el recuerdo de tus besos sin amor, que regué mi soledad y alimente al insomnio. Le di el poder a mis demonios, en el infierno que había creado para ambos y en el que sólo estaba yo.
No quiero que me odies, porque ni siquiera yo lo hago.Olvídate de mí como si nunca hubiese aparecido en tu vida de mierda. No te salvé, no te metí. Yo no pinté nada en el lienzo de tu espalda, salvo el pasar de mis dedos y las caricias que te di bajo las sábanas.
Fuimos demasiado cobardes, y yo, maniatada y sin saber a dónde ir; te pido disculpas.
Prometo no volver a nombrarte nunca.
Salir de tu vida para siempre, dejarte ser... con aquella que, al parecer, consigue hacerte feliz con mi nombre.
Reconóceme el esfuerzo y respeta este silencio nuestro. Este adiós definitivo.

Espero que te vaya bien allá donde vayas y recuerda que, aún con el corazón herido entre las manos, te di esa paz y te liberé del peso de mis diablos.

Con cariño, y hasta nunca Carras(co).

Laura.



martes, 7 de julio de 2015

High.



Suben los latidos, bajan los reflejos. Podría estar hablando de amor, pero no es el caso. Dolores de cabeza. Temblores en verano. Sueños irrumpidos, cállate, tú no sabes nada de sufrir.
Suspiras, y ese era tu último aliento. Las cartas se han volado, y sobre la mesa tus miserias esparcidas.
Esta sí, esta no, éxtasis, ya se hizo tarde.
Abrígame cuando el frío se cale, no necesito que me abraces, sólo dime bajito que me quieres. Dame besitos en las ingles, dame bocados en el culo.
Tatúate a fuego mis iniciales, en la espalda. En las veces que agarro tu pelo cuando me lo sirves, en bandeja, entre mis piernas.
Como si supieras que jamás ya volverás a verme.
Ahora me apetece una cerveza, dios, y follarte como nunca.
Si todos esos mortales supieran de lo que hablo, jamás volverían a reír. Jamás volverían a sentir. Y todo su infierno es ser el raro cuando vas a la moda.Cállate, me pones enferma.
Me pones los complejos sobre la mesa y me tumbas encima. Me pones, a secas.
Puede que esto se me haya subido a la cabeza, pero después de la subida viene la bajada, y, adivina que: tú no estás para agarrarme.
Bajar despacio.
Sola en mis infiernos, como siempre. Como si fuese domingo cada viernes. Cada sábado en el garito de siempre, no quiero más cerveza. Quiero volver a casa y enterrarme bajo mis libros. Vosotros sí que me entendéis. Y no habláis, y no dais asco.

Finales.



Resquebrajada.
Mi alma, como los cristales rotos.
Como las veces que te pensé:
«Cierra la coraza, que hace frío».
Y sólo alcancé a sonreírte entre la niebla, helada, con la mirada perdida, queriendo encontrarse en unos ojos que nunca cedieron, y dieron un vuelco a su mundo, y sin embargo, sólo sonreí.
Con el cuchillo aún clavado en el pecho, y las heridas aún abiertas. Aún con la sangre entre los dedos, goteando. Metafóricamente, como siempre.
Pero joder, dolía y era real.

Después la vida quiso sonreír, con su media sonrisa, torcida. Tampoco se le puede pedir mucho a la tristeza.
Anda, mira, pero si no te conozco y ya sé que todo va a ser un desastre, ¿dónde firmo?
Tiré la moneda, lo juro, pero cayó de canto. Creo que eres tú.
¿Y si todo esto es una señal?
No pienso volver a tirar mi vida por la borda. No me subiré a este viaje esta vez. Soy más de subirme al tren y bajarme en la misma parada de siempre, en la que nunca hay nadie y el reloj siempre marca las 00:00.
A quién pretendo engañar, nadie vendrá a buscarme.

Estoy poniendo los puntos finales, al principio. Por todo eso del dolor, y joder, de las sonrisas a medias.

No quiero pasar otro año para desconocerte.

lunes, 29 de junio de 2015

💀


Quizá no eras tú, ni tampoco tus ojos.
Quizá no era yo, ni tampoco mis manos.
Últimamente ando más triste, más cansada, más perdida.
Ya nada me recuerda a nada, y absolutamente todo me desagrada.
Quiero recordarte, aquí, conmigo. Quiero acordarme de cómo se sentía estar a tu lado. Pero desgraciadamente soy una chica olvidadiza, ya a penas pronuncio tu nombre en voz alta.
He tenido mucho tiempo para pensar, pero sólo he llegado a la conclusión de que el tiempo no cura, y que mi odio hacía cualquier referencia tuya me daña un poquito más la grieta del pecho.
Me habéis tomado por tonta, y no me gusta cómo se siente. La verdad es que esto me lo podría esperar de ti, pero no de él. ¿Y todo ese cuento de la moneda?
Supongo que todo el mundo está muy ocupado en vivir su vida, y yo aquí, sin saber qué hacer con la mía 
De verás creo que quitármela sería la mejor opción, pero luego siempre me acuerdo de que para eso, quiera o no, siempre hay tiempo. Quizá más tarde.
Es horrible darse cuenta del tiempo que estás tirando a la basura, y que nunca volverá. Es horrible darse cuenta de que todo eso que decían tus padres era verdad. Que te alejaban de caminos por razones que, si me hubiese parado a escuchar, nunca tendría que haber experimentado.
Que es verdad que un día te despiertas y ya no eres una niña pequeña. 
Que mamá ya no te va a besar las heridas, porque hay heridas que ya no las sabe nadie. Y es jodidamente horrible callarse y guardarse todo aquello que te está matando por dentro.
Y quizá no fuiste tú, ni fueron las veces que me besabas en la frente las que me iban a proteger de todo el daño, cuando fueron tus caricias las que se convertían en puñales. Y que quizá tampoco era yo, ni fueron mis caderas las que aliviaron a ese perro loco.

Es probable que nunca sea nadie, ni nada. Que no existamos. Que todo sea una horrible pesadilla.
Despiértame cuando todo termine, que sean tus ojos los que vea después del trance.

94% y en aumento.

sábado, 6 de junio de 2015

Nadie te echará de menos.




Silencio.

Todo se ha vuelto oscuro, no sé si es la noche, si he decidido apagar las luces, cerrar los ciclos. Ser más consecuente con mis actos.
O si simplemente me ha cegado tanta luz.

Pienso que quizá todo esto fue una pérdida de tiempo. Pero qué bonito parecía desperdiciarlo a tu lado.
Ahora ya no.

Ahora ya no tantas cosas, que empiezo a pensar que realmente soy difícil de tratar. O un monstruo sin sentimientos.
En realidad todo eso ya da igual.
Las luces, la oscuridad...
Todos sabemos que sin una, no hay otra. Y que me da igual si brillo o soy oscura.
Que malgasté el tiempo que no tenía.
Que, y ahora sí conscientemente, he estado ciega demasiado tiempo. Con el humo y todo lo que eso conlleva.
Atraída por miseria, que se vende, que se compra. Que se pierde poco a poco, deteriorando. El caos es una forma de arte. Arte para el que mira desde fuera. Para el que no está dentro de la mierda.
Pobre ilusos, déjales, se creen que entienden.

Miseria de pega.
Adicto a la tristeza, y todo ese rollo.

Lo estoy dejando. Y qué mas da si nadie va a querer quererme. No, que va, no lo necesito. Quizá yo, algún día.
Echaré de menos las estrellas.
Fue anoche bebiendo cerveza cuando me di cuenta de todo lo que dejo atrás, y, ¿sabes qué?
Me da igual.
Nadie me echará de menos.
Nadie te echará de menos.

Así que, para qué seguir complicándome la vida con algo que voy a dejar atrás. Que voy a dejar.
Si voy a empezar de cero y tengo el listón muy alto.
Así pues, adiós a los días de ensayo.
A intentar conocer a alguien para finalmente darme cuenta de que lo desconozco, y quién sabe. La moneda.
Ya nunca sabré que habríamos sido. Qué es él. Por qué siento que le conozco de toda la vida y ese ímpetu suyo al tocar la batería que me pone jodidamente cachonda.

Ya nada será como antes. Y, joder, no sé qué decir.

Qué bonito perderos de vista.
Hijos de puta.



lunes, 1 de junio de 2015

sp(ee)ud.



Adicción.
¿Real o socialmente impuesto?
¿Dependencia o apego?
Lo cierto es que no puedo dejar de preguntarme por qué hay drogas socialmente aceptadas; como Valium. Y otras no. Qué diferencia hay entre unas y otras, si ambas crean dependencia.
Qué os ahorráis vosotros para tenernos enfermos.
Por qué la cura a la adicción es otra adicción socialmente aceptada.

Maldita sociedad, se ha cargado a sí misma.
¿Qué diferencia hay entre querer morir; doble dosis de pastillas?

Te echo de menos.
Yo también quiero ser feliz fuera del ciego. Y no entiendo este patético final.
Por qué con ella sí y conmigo no.
Qué me falta a mi que le sobra a ella.
¿Es porque no soy suficiente cosa para ti?
Voy a reírme, porque sí. Porque no entiendo para qué sirve derramar más lágrimas; si no curan.
Así que, no sé, me cuesta despedirme. Soy un poco idiota. Imbécil. Como prefieras. Pero he captado el mensaje... y me está jodiendo porque nunca llegaremos a saberlo.
No sé, a mí eso me quita horas de sueño.
Me largo, pues.
Por si acaso decides volver y sigo siendo débil. Mierda. Siempre lo seré con esos ojos.
Maldito hijo de puta.

Mentes en jaula necesitan liberarse.
¿Será mejor morir feliz y joven a viejo y amargado?
Personalmente no quiero morir sin saber que he estado haciendo lo que me ha gustado siempre.
A estas alturas no podría decirlo.
Así que, por qué morir ahora si para eso siempre hay tiempo. Elegir la vida.
Viajar a Alaska, disfrutar de Berlín. Follar hasta el culo de pastillas. Enamorarse. Lagos, montañas, aire limpio. Dejar la mala vita.
Ver nacer a un lobo. Crecer cerca de los árboles. Dejar el tabaco y dedicarse al THC en exclusiva. No me mires así, ya empecé aclarando esta historia.
Dejar que la vida ponga a cada uno en su lugar. Regenerar el karma, porque lo veo chungo.
Poco a poco todos al hoyo.
Me siento vacía, así que no te esfuerces. Mucha suerte intentando salvarla.

Sigo sin tener nada claro,
excepto que te echo de menos.

Con cariño,
Laura.