sábado, 18 de julio de 2015

Cruce de miradas.

A veces la vida, esa zorra hija de puta, te pone el camino delante de las narices y resulta que tú ya te has cogido el metro. Será que estoy aprendiendo.
Y la plaza está llena de nadie. Y entre ese nada ella alza la mirada y se cruza con la de un chico que lleva ya su "a saber cuántas" cerveza. Ella le sonríe y él agacha la mirada y se va.
De ahí habría salido una bonita historia de amor, digo yo.
No os culpo de esta inconformidad mía. De querer dormir a todas horas y hacerlo 3 horas ¡por fin! y otra vez toda la maldita tarde con un sueño de mil demonios. No encuentro mi almohada, no me sirve tu hombro.
Ponte mis complejos de cinturón y a ver si toda esta mierda sirve para algo.
Sábado en la plaza donde cuatro niños me ganaron al fútbol y yo todavía con los bolsillos llenos de barrio.

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