viernes, 2 de octubre de 2015
es ruido todo lo que esconde.
Había una vez una chica triste que huía del frío que la quemaba por dentro, e irónicamente lo hacía en el frío de la calle, en el frío de los hielos que se derretían en su vaso; y sonreía.
Sonreía porque amaba el frío, su cielo gris, el viento que despeinaba su cabello, sus nudillos rojos y agrietados, al igual que sus labios, su lluvia y el sonido que entraba por la ventana cada noche para acompañarla en su tristeza y convertir su silencio en melodía.
Había una vez una chica con el corazón tan congelado, que la daba igual en qué manos dejarlo, sólo quería deshacerse de él. Y cuando por fin encontraba unas manos tendidas y lo dejaba allí; éste caía al suelo y se rompía en mil pedazos.
Os sorprendería saber la cantidad de rotos que se le pueden hacer a algo que ya estaba completamente roto.
Había una vez una chica que no lloraba nunca, porque dolía. Si el corazón era de hielo, imagínate las lágrimas. Así que escribía con la esperanza de que dejase de doler. Pero nunca lo hacía. Y quizá la encantaba estar triste y tomar café a las seis de la mañana mientras se preguntaba qué hacía despierta si a nadie le importaba. Y soltaba el humo como un suspiro inmenso. Y se abrazaba a su dolor y éste nunca le fallaba.
Crecía en su silencio cada día y a cambio pedía un poco de tregua (en su cabeza) que jamás guardaba silencio. Así que ponía la musica en sus cascos para poder desahogarse en otras vidas y nunca pedía nada a cambio. Ella sonreía para ella misma y se desnudaba para sentirse libre.
Nada de amor, ni de compartir silencios ni tristeza.
Había una vez una chica egoísta que amaba su tristeza y odiaba a todo aquel que llegaba y decía "conmigo aquí dejarás de estarlo"; como si yo se lo hubiera pedido a alguien.
Cierra la maldita boca. No pretendas llegar y quitarle el sitio a alguien que lleva tanto tiempo conmigo, que incluso la quiero.
Quién te crees que eres tú para decir eso.
Cerrad la puta boca.
Había una vez una chica preciosa que en realidad no lo era y soltaba mucha palabrota por la boca, y bebía cerveza de tubo mientras sentaba su culo en el suelo y se fumaba un buen porro para olvidarse de su existencia.
Como comprenderás no le interesa una mierda lo que digas.
Así que, silencio, por favor.
Los poetas estamos cansados del ruido.
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