miércoles, 26 de agosto de 2015

Tristessa.


Si existe alguien ahí arriba, se debe estar mofando mucho. Lo circunstancial, a veces, lleva consigo los reproches. Ten cuidao con lo que pides, que puede cumplirse.
Es probable que me pase de la raya a veces, que me pongo en un extremo y al segundo en el otro. No me lo tengas en cuenta; es esta cabezita loca, que nunca sabe lo que quiere.
¿Qué habría sido de mí contigo? No sabes cuánto me alegro de haberme ido.
A destiempo, como siempre. Pero joder, qué alivio. He estado a punto de perderme esto y es que, resulta, que no os necesito.
Esto es algo así como los colores, que reflejan todos menos el que tú ves.
Una ilusión óptica.
Jamás sabréis cuál soy yo, ni por qué muerdo mi boca cuando falta media hora para que baje del tren.
Sufro más de la cuenta, me echo el peso encima de cosas que no me corresponden. Hago del granito la montaña entera y espero a que alguien la derribe o algo. Demasiado débil o demasiado vaga.
Por eso te doy las gracias, por ser así como tú eres. Por ser ligero y recordarme que alguna vez, yo también lo fui.
Estoy en ese momento de mi vida en el cuál nada me pertenece. No sé quién soy, no sé a dónde voy ni sé dónde quedarme. De momento todos mis recuerdos arden. Gritan. Sé lo que fui y de dónde vengo, pero, ¿a quién le importa eso? ¿qué más da si sufrí en el pasado? ¿Acaso vas tú a preguntarme?
Hay heridas que es mejor dejar de lado, si cicatriza o no le echaré la culpa el tiempo, que se supone que todo lo cura.
Y sí, es una locura esto que siento.
Se me hace difícil no sentir tanto asco.
Puede que me vuelva a dar miedo todo de golpe. Pero nunca sabréis lo que estos ojitos esconden.

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