jueves, 6 de agosto de 2015
sadness
Cerrar los ciclos no es tan fácil.
O quizá soy yo, que me paso la vida buscando soluciones a problemas que todavía no han llegado. Como a qué sabrán tus besos por la mañana, ni si me seguirás queriendo al día siguiente.
Ser una chica triste no es tan bonito ni tan poético como lo pintan. Sobre todo cuando nadie te escribe, ni escribe sobre tus ojos tristes cada día al despertar y cada noche al cerrar los malditos ojos.
No es divertido. Siempre andas de mal humor por eso de que nunca se sabe cuando algo o alguien puede venir a darte una hostia en la sonrisa. Y subir sólo implica bajar. Y mantenerse estable parece más seguro que volver a caer. Más hondo. Créeme, siempre hay más.
Y cuando el corazón te pide un poco de tregua, la cabeza te quiere estallar continuamente.
No, no lo hagas.
Y cuando crees que él puede calmar tus incendios; echa leña al fuego. Y, eh, quieto. Que no tengo el corazón para estos trotes, si es que alguna vez lo he tenido.
Ser una chica triste es, como podéis deducir, jodidamente triste.
Todo te parece insuficiente. Todo tu alrededor se convierte en nada. Y todo el que quiere ser alguien, en nadie.
Todo es insignificante. Y no es que las cosas puedan ser mejor, para nada.
Es que un día lo fueron. Un día sonreías sin miedo. Un día sentiste amor. Un día algo fue todo.
Y de repente: nada.
¿Sabes cómo se siente despertar y saber que, aún estando aquí, ya no existes?
Lo que un día fuiste, se largó. Se esfumó y en su lugar un montón de nada que pesa y te hunde hasta el fondo. Cada vez más y más hondo.
Es difícil explicar cómo se siente.
Como un día ya no eres. Sólo estás.
Y nada, absolutamente nada te importa una mierda.
Y sí, es cierto eso que dicen: que de algo hay que morir. Y que, para cuando ya te sientes muerta por dentro. Justo en ese momento, te da igual de qué, cómo y cuándo.
Y sí, haces cosas que probablemente, de haber seguido siendo lo que eras, jamás habrías hecho.
Y para cuando te has acostumbrado a la vida: ya es demasiado tarde.
Quizá sea eso; que ya he tocado fondo.
Que los ciclos se hacen bucle y el fondo vuelve a ser principio. Y nunca hay fin.
Que ya jamás será como antes.
Que tus sueños se ven muy lejos y demasiado rotos. Que ya da igual.
Y ese,
ese es el problema de ser un triste:
da igual.
Y eso, a nadie le importa.
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