domingo, 20 de septiembre de 2015

ognimod



Cuando el mundo agoniza,
yo escucho su risa
y me calma.
Supe curarme las heridas sola,
a lamer los arañazos del corazón
y evitar desangrarme entre otras manos.
No me pidas imposibles cuando cae la noche, que ya sabes que me llaman tristeza y mi vida depende de abrazarla a ella.
Pídele a tus miedos que desaparezcan, no te preocupes si ver a mis demonios es un problema, que sé como esconderlos para que mis manos acaricien ésta vez.
Pero no me pidas que me aleje de mi infierno, porque allí siempre seré yo, y lo de un tú que promete y abraza mis heridas, acaba yéndose por echarse todo mi peso encima. Y qué le voy a hacer, si yo nunca le pedí a nadie que cambiase lo que soy.
Quiéreme con todo lo que eso conlleva.
Que yo ya analicé cada detalle, cada gesto y cada cicatriz para saber dónde duele y nunca acercarme.
De eso se trata quererse, de saber dónde derrumbar a alguien y sólo acercarse para besarse.
Mírame, puedo hundirte en lo más hondo y sin embargo te estoy manteniendo a flote.
Ódiame porque soy un desastre y destrozo todo lo que toco; porque adoro como se siente cuando me echas la bronca por ser insoportable pero te quedas ahí, esperando por que baje la guardia para acercarte y hacerme débil otra vez entre tus brazos.
Que nunca antes alguien ha sabido derretirme cuando me convierto en hielo. Y sin embargo, tú, no haces otra cosa.
Quizá la respuesta sea no preguntarse el por qué, pero si hay una razón por la cuál apareciste en mi vida para ponerla patas arriba y hacerla gemir, no voy a quedarme quieta hasta averiguarlo.
Voy a estar ahí.
Después de tanto tiempo, al fin, voy a ser.

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