lunes, 20 de julio de 2015
tic-tac, tic-tac..
No me arrepiento del tiempo.
Del tiempo que estuve a solas conmigo porque todo a mi al rededor se volvió oscuro. De las veces que la muerte llamaba a mi puerta vestida de suicidio y yo le decía que no, que hoy no, quizá mañana.
Las veces que escribí auxilio entre líneas que nadie nunca leyó. Yo siempre fui la chica triste que se escondía bajo una sonrisa rota por los golpes. Y nunca se quejaba de su miseria por si ésta la oía y volvía a hacer de las suyas. Siempre hay un piso más en el sótano de mi desgracia. Un pozo sin fondo, como a veces le llamaba sentada en la barra, cuando irónicamente mi copa se vaciaba y tocaba fondo en seguida.
No me arrepiento si digo que no voy a echar de menos. Que no dejo nada atrás que merezca la pena. Y se reían de mí cuando iba soltando lastre - no te rías tanto que tú para mí eres mierda, un mediocre - y creían que era rara por hablar conmigo e ignorar al resto.
No es un martirio ser distinto. A veces hablo demasiado conmigo y todo empieza a dar tumbos, y se viene todo abajo. Como si todo mi camino hubiera sido en balde y tuviese que dar pasos hacía atrás. Un castillo de naipes.
Miento si digo que he sido feliz todo este tiempo. Que llevo tanto tiempo perdida que esquivar al minotauro me parece facilísimo en este laberinto en el que vivo. Ya no me sorprenden las despedidas a destiempo. Las espero y las encajo lo mejor que puedo.
Que no se note que se me resquebraja el alma un poco en cada adiós que nunca trajo consigo un hola, pero que yo sí escuché. Quizá debo ser menos analítica y vosotros menos hijos de puta.
Es probable que exagere mis heridas y vaya como un perro abandonado buscando algo de cariño en las esquinas. Pero recuerda que una vez lo consigo, volveré a por más... quizá a veces demasiado perra. Quizá otras demasiado gata.
Sólo quiero que me des lo que te pido y lárgate, no te he pedido que me abraces. Pero quédate.
Siempre he tenido muy presente quién soy y de dónde vengo. Pero quizá ya no lo recuerdo. Yo no culpo a nadie, pero yo no he sido. Yo también busco explicación a mis malas acciones. Yo también sé lo que puede picar la tocha y lo que es no dormir hasta las tantas. Hasta los tontos saben que no pueden acercarse. Porque muerdo y todo eso.
Voy a pedir permiso para marcharme de tu vida pero dime antes en qué parte me encuentro.
Tú que te haces llamar amigo. ¿Dónde estás cuándo eres feliz y yo te necesito? ¿Dónde estoy cuando no debo? ¿Dónde se quedaron las noches compartidas más allá de los canutos?
Y ahora que te has quitado la máscara y puedo ver más allá de lo que aparentaba ser. Quiero decirte que, gracias y adiós.
Voy a pedir un deseo y sólo quiero que la gente que no me quiere, se aparte de mi camino. Que si yo quiero joderme la vida, seré yo mi verduga.
Ahora quiero estar sola intencionadamente. Ciega adrede, como en otras ocasiones.
Despídete de mí. Conmigo nunca es demasiado tarde. Quizá demasiado pronto.
Lo sé, lo siento.
Me han cambiado el sentido las agujas. O de sentido.
Tú qué andas mirando, no lo entiendes.
Despídete de mí, se me hace tarde.
💉🔫💣
Vueltas y más vueltas, después de esta me abandonaré a la deriva. Como si de un naufragio se tratase. La verdad, no veo la diferencia.
Después de los gorriones grises, y dejar a un lado el negro. Los cuervos me parecen un ser precioso y digno. Y me cansan las idas y venidas. Y me he enamorado de tu culo. Quizá tú no lo sepas pero me he mordido el labio innumerables veces cuando te dabas la vuelta y luego venías a seguir haciéndolo tú.
¿Qué problema hay en enamorarse de situaciones, lugares u olores? No te quiero a ti, te quiero a ti conmigo y follarnos hasta hacernos daño. No hacernos daño y después ni siquiera follarnos. Ni vernos.
Qué problema tenéis con mis intenciones. Que no soy yo quién ata la cuerda para volver a verte. No soy yo la que pide que te quedes. Así que, bien, puedes largarte. Mejor así, antes de tener más recuerdos y enamorarme de los que aún no existen, pero en mi cabeza sí.
Mejor así que tú estás lejos y yo sigo sin encontrarme.
Mejor así, que sigo muerta... antes de que me des vida y tenga que suicidarme.
sábado, 18 de julio de 2015
Cruce de miradas.
A veces la vida, esa zorra hija de puta, te pone el camino delante de las narices y resulta que tú ya te has cogido el metro. Será que estoy aprendiendo.
Y la plaza está llena de nadie. Y entre ese nada ella alza la mirada y se cruza con la de un chico que lleva ya su "a saber cuántas" cerveza. Ella le sonríe y él agacha la mirada y se va.
De ahí habría salido una bonita historia de amor, digo yo.
No os culpo de esta inconformidad mía. De querer dormir a todas horas y hacerlo 3 horas ¡por fin! y otra vez toda la maldita tarde con un sueño de mil demonios. No encuentro mi almohada, no me sirve tu hombro.
Ponte mis complejos de cinturón y a ver si toda esta mierda sirve para algo.
Sábado en la plaza donde cuatro niños me ganaron al fútbol y yo todavía con los bolsillos llenos de barrio.
Y la plaza está llena de nadie. Y entre ese nada ella alza la mirada y se cruza con la de un chico que lleva ya su "a saber cuántas" cerveza. Ella le sonríe y él agacha la mirada y se va.
De ahí habría salido una bonita historia de amor, digo yo.
No os culpo de esta inconformidad mía. De querer dormir a todas horas y hacerlo 3 horas ¡por fin! y otra vez toda la maldita tarde con un sueño de mil demonios. No encuentro mi almohada, no me sirve tu hombro.
Ponte mis complejos de cinturón y a ver si toda esta mierda sirve para algo.
Sábado en la plaza donde cuatro niños me ganaron al fútbol y yo todavía con los bolsillos llenos de barrio.
sábado, 11 de julio de 2015
«Cartas para M».
Lo siento.
Quizá debí curar la herida antes de dejarte entrar dentro. Y te culpé a ti de mis noches sin dormir, de mis manías y mis malas formas. Te di demasiada responsabilidad en un momento. En uno especialmente jodido para mí.
Quise que fueras mi guardián entre el centeno. Te dejé la llave, a sabiendas de que no querías entrar dentro. Y casi te obligué a ello. Casi creía que era culpa tuya, y no mía.
Pero, en mi defensa diré, que jamás había querido de ese modo. Habría ofrecido mi vida a cambio de una sonrisa sincera tuya. Y no esa tonta manía de torcerla y de agachar la mirada como un niño.
Fui bastante inmadura, y quizá debí largarme antes de que, inconscientemente, quedase atrapada dentro y te arrastrase a ti conmigo a este absurdo infierno que había creado para los dos.
Perdóname porque no era yo. Era mi corazón roto buscando alivio. Fui egoísta y muy poco sincera...
Siento haberte hecho creer que yo podría haber sido la madre de tus hijos, y todo ese rollo de sacarte de la mierda.
He estado perdida demasiado tiempo, y no era en tus ojos verdes donde yo debía encontrarme. Ni siquiera debí buscarme en ellos. Tengo tan poco amor propio que necesitaba, de veras, estar allí dentro. Que me abrazaras sin usar las cadenas.
He llorado tantas veces bajo el recuerdo de tus besos sin amor, que regué mi soledad y alimente al insomnio. Le di el poder a mis demonios, en el infierno que había creado para ambos y en el que sólo estaba yo.
No quiero que me odies, porque ni siquiera yo lo hago.Olvídate de mí como si nunca hubiese aparecido en tu vida de mierda. No te salvé, no te metí. Yo no pinté nada en el lienzo de tu espalda, salvo el pasar de mis dedos y las caricias que te di bajo las sábanas.
Fuimos demasiado cobardes, y yo, maniatada y sin saber a dónde ir; te pido disculpas.
Prometo no volver a nombrarte nunca.
Salir de tu vida para siempre, dejarte ser... con aquella que, al parecer, consigue hacerte feliz con mi nombre.
Reconóceme el esfuerzo y respeta este silencio nuestro. Este adiós definitivo.
Espero que te vaya bien allá donde vayas y recuerda que, aún con el corazón herido entre las manos, te di esa paz y te liberé del peso de mis diablos.
Con cariño, y hasta nunca Carras(co).
Laura.
martes, 7 de julio de 2015
High.
Suben los latidos, bajan los reflejos. Podría estar hablando de amor, pero no es el caso. Dolores de cabeza. Temblores en verano. Sueños irrumpidos, cállate, tú no sabes nada de sufrir.
Suspiras, y ese era tu último aliento. Las cartas se han volado, y sobre la mesa tus miserias esparcidas.
Esta sí, esta no, éxtasis, ya se hizo tarde.
Abrígame cuando el frío se cale, no necesito que me abraces, sólo dime bajito que me quieres. Dame besitos en las ingles, dame bocados en el culo.
Tatúate a fuego mis iniciales, en la espalda. En las veces que agarro tu pelo cuando me lo sirves, en bandeja, entre mis piernas.
Como si supieras que jamás ya volverás a verme.
Ahora me apetece una cerveza, dios, y follarte como nunca.
Si todos esos mortales supieran de lo que hablo, jamás volverían a reír. Jamás volverían a sentir. Y todo su infierno es ser el raro cuando vas a la moda.Cállate, me pones enferma.
Me pones los complejos sobre la mesa y me tumbas encima. Me pones, a secas.
Puede que esto se me haya subido a la cabeza, pero después de la subida viene la bajada, y, adivina que: tú no estás para agarrarme.
Bajar despacio.
Sola en mis infiernos, como siempre. Como si fuese domingo cada viernes. Cada sábado en el garito de siempre, no quiero más cerveza. Quiero volver a casa y enterrarme bajo mis libros. Vosotros sí que me entendéis. Y no habláis, y no dais asco.
Finales.
Resquebrajada.
Mi alma, como los cristales rotos.
Como las veces que te pensé:
«Cierra la coraza, que hace frío».
Y sólo alcancé a sonreírte entre la niebla, helada, con la mirada perdida, queriendo encontrarse en unos ojos que nunca cedieron, y dieron un vuelco a su mundo, y sin embargo, sólo sonreí.
Con el cuchillo aún clavado en el pecho, y las heridas aún abiertas. Aún con la sangre entre los dedos, goteando. Metafóricamente, como siempre.
Pero joder, dolía y era real.
Después la vida quiso sonreír, con su media sonrisa, torcida. Tampoco se le puede pedir mucho a la tristeza.
Anda, mira, pero si no te conozco y ya sé que todo va a ser un desastre, ¿dónde firmo?
Tiré la moneda, lo juro, pero cayó de canto. Creo que eres tú.
¿Y si todo esto es una señal?
No pienso volver a tirar mi vida por la borda. No me subiré a este viaje esta vez. Soy más de subirme al tren y bajarme en la misma parada de siempre, en la que nunca hay nadie y el reloj siempre marca las 00:00.
A quién pretendo engañar, nadie vendrá a buscarme.
Estoy poniendo los puntos finales, al principio. Por todo eso del dolor, y joder, de las sonrisas a medias.
No quiero pasar otro año para desconocerte.
lunes, 29 de junio de 2015
💀
Quizá no eras tú, ni tampoco tus ojos.
Quizá no era yo, ni tampoco mis manos.
Últimamente ando más triste, más cansada, más perdida.
Ya nada me recuerda a nada, y absolutamente todo me desagrada.
Quiero recordarte, aquí, conmigo. Quiero acordarme de cómo se sentía estar a tu lado. Pero desgraciadamente soy una chica olvidadiza, ya a penas pronuncio tu nombre en voz alta.
He tenido mucho tiempo para pensar, pero sólo he llegado a la conclusión de que el tiempo no cura, y que mi odio hacía cualquier referencia tuya me daña un poquito más la grieta del pecho.
Me habéis tomado por tonta, y no me gusta cómo se siente. La verdad es que esto me lo podría esperar de ti, pero no de él. ¿Y todo ese cuento de la moneda?
Supongo que todo el mundo está muy ocupado en vivir su vida, y yo aquí, sin saber qué hacer con la mía
De verás creo que quitármela sería la mejor opción, pero luego siempre me acuerdo de que para eso, quiera o no, siempre hay tiempo. Quizá más tarde.
Es horrible darse cuenta del tiempo que estás tirando a la basura, y que nunca volverá. Es horrible darse cuenta de que todo eso que decían tus padres era verdad. Que te alejaban de caminos por razones que, si me hubiese parado a escuchar, nunca tendría que haber experimentado.
Que es verdad que un día te despiertas y ya no eres una niña pequeña.
Que mamá ya no te va a besar las heridas, porque hay heridas que ya no las sabe nadie. Y es jodidamente horrible callarse y guardarse todo aquello que te está matando por dentro.
Y quizá no fuiste tú, ni fueron las veces que me besabas en la frente las que me iban a proteger de todo el daño, cuando fueron tus caricias las que se convertían en puñales. Y que quizá tampoco era yo, ni fueron mis caderas las que aliviaron a ese perro loco.
Es probable que nunca sea nadie, ni nada. Que no existamos. Que todo sea una horrible pesadilla.
Despiértame cuando todo termine, que sean tus ojos los que vea después del trance.
94% y en aumento.
sábado, 6 de junio de 2015
Nadie te echará de menos.
Silencio.
Todo se ha vuelto oscuro, no sé si es la noche, si he decidido apagar las luces, cerrar los ciclos. Ser más consecuente con mis actos.
O si simplemente me ha cegado tanta luz.
Pienso que quizá todo esto fue una pérdida de tiempo. Pero qué bonito parecía desperdiciarlo a tu lado.
Ahora ya no.
Ahora ya no tantas cosas, que empiezo a pensar que realmente soy difícil de tratar. O un monstruo sin sentimientos.
En realidad todo eso ya da igual.
Las luces, la oscuridad...
Todos sabemos que sin una, no hay otra. Y que me da igual si brillo o soy oscura.
Que malgasté el tiempo que no tenía.
Que, y ahora sí conscientemente, he estado ciega demasiado tiempo. Con el humo y todo lo que eso conlleva.
Atraída por miseria, que se vende, que se compra. Que se pierde poco a poco, deteriorando. El caos es una forma de arte. Arte para el que mira desde fuera. Para el que no está dentro de la mierda.
Pobre ilusos, déjales, se creen que entienden.
Miseria de pega.
Adicto a la tristeza, y todo ese rollo.
Lo estoy dejando. Y qué mas da si nadie va a querer quererme. No, que va, no lo necesito. Quizá yo, algún día.
Echaré de menos las estrellas.
Fue anoche bebiendo cerveza cuando me di cuenta de todo lo que dejo atrás, y, ¿sabes qué?
Me da igual.
Nadie me echará de menos.
Nadie te echará de menos.
Así que, para qué seguir complicándome la vida con algo que voy a dejar atrás. Que voy a dejar.
Si voy a empezar de cero y tengo el listón muy alto.
Así pues, adiós a los días de ensayo.
A intentar conocer a alguien para finalmente darme cuenta de que lo desconozco, y quién sabe. La moneda.
Ya nunca sabré que habríamos sido. Qué es él. Por qué siento que le conozco de toda la vida y ese ímpetu suyo al tocar la batería que me pone jodidamente cachonda.
Ya nada será como antes. Y, joder, no sé qué decir.
Qué bonito perderos de vista.
Hijos de puta.
lunes, 1 de junio de 2015
sp(ee)ud.
Adicción.
¿Real o socialmente impuesto?
¿Dependencia o apego?
Lo cierto es que no puedo dejar de preguntarme por qué hay drogas socialmente aceptadas; como Valium. Y otras no. Qué diferencia hay entre unas y otras, si ambas crean dependencia.
Qué os ahorráis vosotros para tenernos enfermos.
Por qué la cura a la adicción es otra adicción socialmente aceptada.
Maldita sociedad, se ha cargado a sí misma.
¿Qué diferencia hay entre querer morir; doble dosis de pastillas?
Te echo de menos.
Yo también quiero ser feliz fuera del ciego. Y no entiendo este patético final.
Por qué con ella sí y conmigo no.
Qué me falta a mi que le sobra a ella.
¿Es porque no soy suficiente cosa para ti?
Voy a reírme, porque sí. Porque no entiendo para qué sirve derramar más lágrimas; si no curan.
Así que, no sé, me cuesta despedirme. Soy un poco idiota. Imbécil. Como prefieras. Pero he captado el mensaje... y me está jodiendo porque nunca llegaremos a saberlo.
No sé, a mí eso me quita horas de sueño.
Me largo, pues.
Por si acaso decides volver y sigo siendo débil. Mierda. Siempre lo seré con esos ojos.
Maldito hijo de puta.
Mentes en jaula necesitan liberarse.
¿Será mejor morir feliz y joven a viejo y amargado?
Personalmente no quiero morir sin saber que he estado haciendo lo que me ha gustado siempre.
A estas alturas no podría decirlo.
Así que, por qué morir ahora si para eso siempre hay tiempo. Elegir la vida.
Viajar a Alaska, disfrutar de Berlín. Follar hasta el culo de pastillas. Enamorarse. Lagos, montañas, aire limpio. Dejar la mala vita.
Ver nacer a un lobo. Crecer cerca de los árboles. Dejar el tabaco y dedicarse al THC en exclusiva. No me mires así, ya empecé aclarando esta historia.
Dejar que la vida ponga a cada uno en su lugar. Regenerar el karma, porque lo veo chungo.
Poco a poco todos al hoyo.
Me siento vacía, así que no te esfuerces. Mucha suerte intentando salvarla.
Sigo sin tener nada claro,
excepto que te echo de menos.
Con cariño,
Laura.
domingo, 31 de mayo de 2015
Tú mi Kennedy, yo tu Marilyn.
Mujer de poca fe,
de sonrisa mal colocada... andaba siempre por los hostales, colocada a altas horas de la madrugada. Rezando, quizá, por un poco de tregua.
Rezar, ¿a quién? ni siquiera yo lo sé.
Detente, gritaba.
Ahí, justo ahí, donde la inmensidad no oye tu voz. No lluevas, no te cales.
Di estupideces.
No me pises.
Decía el gigante al enano.
¿No me ves? Que tengo el ego por los suelos, que me voy reflejando en los charcos.
Cuéntame un cuento, permíteme decirte que hoy estás extremadamente preciosa. Así, sin la coraza. Con las agujas en el cuello, del tiempo que desperdiciaste con algún capullo.
Quítate el chaleco de cuero, chica punky, y cuéntame qué pasa por esa cabezita tuya.
Pídele perdón al tiempo, que le has despreciado por un reloj sin pilas.
"Ya te lo dije" tatuado en las cicatrices, en las venas. No volverás a verme, o al menos eso me digo cuando me pillo el ciego.
Ser como tú.
¿Ser como tú?
Jack Danield's, no Gin Tonic.
Ser, yo, sin ti. Sin más.
Qué va a pasar ahora que eres tú el que se busca en dos pupilas. Qué va a ser de mí ahora que tengo la cama vacía. Por lo pronto sigue estando ocupada, a veces, cuando me desvisten.
Así que supongo que no soy el tipo de chica que quiere una familia, ni piensa en tener hijos, ni en amanecer con tu culo en mi colchón.
No fui tu chica eléctrica, pero no por eso voy a dejar de serlo. Quiero decir: ser yo.
Cuídate. O que te cuide ella. Yo ya no sé de qué pie cojeas, me pareces despreciable. Y pobre chica, espero que también le rece a un dios que no redime. Que no existe.
Yo sigo estando en la mierda, ya te dije que tú sólo eras un fragmento pequeño, pero inmenso. No tengo por qué aguantar esto. Así que me retiro de la forma más elegante que se me ocurre.
En silencio, con el orgullo entre las manos, entre las tuyas. Con el ego por los suelos. Con el autoestima inexistente.
Pero con la sonrisa triste más bonita que jamás nunca alguien había pronunciado de unos labios; un adiós tan dulce y sincero.
Y que te jodan, sí, también eso:
que te jodan.
jueves, 21 de mayo de 2015
happy hippie birthday
Supongo que nos empeñamos en ser, y ser, y ser. Y nunca en sentir. En hablar de uno mismo y no oírse, esperando que alguien se trague toda esa mierda.
Empeñados, en ser bonito; en ser bonita. Creemos ser el regalo. El primero. El de: porque sí, porque te quiero. Pero más bien somos el de consolación, el de arrepentimiento.
El que busca perdón, y se aferra a la última esperanza siempre. Como si algo les fuese a salvar el culo. Pero no es así, no somos eso.
Así que, a veces, cuando estoy ebria, pienso. Por qué. Siempre por qué.
Por qué no fui suficiente,
por qué no te quedaste conmigo,
por qué prefirió largarse,
por qué no miró hacía atrás cuando gritaba su nombre (en silencio, claro),
por qué no me abrazó,
por qué te largaste.
Y bebo. Bebo porque no encuentro la respuesta. Y cuánto más bebo, peor me siento. Porque los borrachos lloran por todo. Absolutamente todo. Y yo, cariño, necesito achicar agua. Que desaparezcan todas las lágrimas que reprimo a lo largo de los días. Como si fuera necesario, ya ves, nadie; nunca, está mirando.
Y sigo buscando, qué somos, que soy, qué fuimos. Respuestas.
Algo que me devuelva el sueño.
Y si no fui tu musa, ¿quién fui?
Si no fui tu chica eléctrica, ¿qué soy?
Si fui tu puta de una noche, ¿por qué seguiste llamando?
Así que, por lo general, me desnudo despacio. Y me acuerdo de ti, siempre, por si acaso. Perdóname, pero siempre tuve miedo a olvidar. Lo que soy, lo que fui, lo que fuimos. Lo que tú fuiste conmigo.
Y lo peor es, que ni siquiera lo sé. Y me limpio el alma con un par de folios arrugados en la papelera de la habitación, en serio, de esos que jamás nadie leerá nunca. Como los poetas de verdad.
Yo que nunca aspiré a nada. Que dejaba todo siempre en borradores. Y tú, recuerdo que tú dijiste que dejase de creer que todo lo hago mal y que querías hacerme el amor, allí mismo, donde fuera.
Y discúlpame si no entiendo. Porque no tengo ni puta idea de nada. Y no sé cómo pude enamorarme de un desconocido al que le había hablado tantas veces. Y supongo que en el fondo sé que te conocí, un poco. Cuando me recitabas poesía, desnudos en tu cama. Y yo acariciaba tu pecho y escuchaba atenta tus palabras, tu voz, tus ganas de ser (conmigo, supongo) pero siempre dabas marcha atrás y volvías a echar el pestillo. Te juro que te recuerdo con cierta ternura, entre mis brazos, como un niño. Como sólo un niño sabe estremecerte. Y no puedo contener las lágrimas, y a la mierda la coraza.
Así que, siempre llego a la conclusión de que no sé nada, como dijo Sócrates, pero yo... sin embargo, lo decía porque realmente, no sabía nada. No por modestia, ni por sed de más conocimiento.
Llego contrariada al desenlace, en un cuento que nunca tuvo principio, ni nudo, ni final. Así que entenderás que todo esto me desconcierte. Y probablemente no sepa de dónde esté sacando toda esta fuerza cuando digo que te quiero, pero te quiero.
Y si tú, como yo, tampoco sabes quién eres. Te diré lo que fuiste para mí - lo que eres -.
Fuiste mi casa, mi refugio... el par de sábanas en las que me escondía fingiendo no ser de este mundo cuando el resto del mundo se empeñaba en hacerme sentirlo. El momento justo en el que llego a casa y desabrocho mi sujetador y caigo rendida en el sofá, con la mesa puesta, lista para comer.
El día que vi por primera vez el parque de atracciones. En el que descubrí la música y aprendí a leer.
Las mantas calentitas y el café en los días de invierno. La primera vez que monté a caballo. El día que corrí bajó la lluvia en aquel monte, por puro placer y no por huir. Mi primer beso.
Siento no poder ser más específica, pero ya sabes que siempre me gustó usar la metáfora. Y siento que no puedas ver todo lo que escondo, lo que te ofrezco. Que te pese más lo que ella te deja sobre la cabeza a lo que yo te quito de los hombros.
Búscame en la sombra siempre, o en la noche... o los días tristes en los que no sepas dónde esconderte. Porque quizá siempre fui eso; una chica triste.
miércoles, 20 de mayo de 2015
- suicidio personal -
Si miras fijamente, ahí; más allá de tus narices, habrías encontrado mis manos sosteniendo todo lo que tengo, y entregándotelo a ti. - habrías -
Si tocas mi pecho, notarás que debajo algo late, fuerte, por ti. Que no era solo sexo, no, no lo era.
Yo supongo nunca supe lo que era el amor, porque todo el que tenía a mi lado fracasó. Absolutamente todo. Y yo sólo quería un abrazo y un: buenos días. Cuando aparecía por tu puerta y me jugaba el culo por estar contigo.
Y sí, supongo que será amor porque todavía espero que te quedes. Que vuelvas, como siempre. Que me traigas la calma que te llevaste por - ya no sé ni cuánta vez -.
Y sin embargo, te odio. Porque solo piensas en ti. Porque crees que eres el único con el corazón roto. Porque piensas que no sé cómo se siente estar sola rodeada de gente. Pero cariño, sé lo que es estar sola rodeada de amigos e incluso de familia. Sé lo que se siente cuando la gente cree que eres un bicho raro, y te deja a un lado porque... ni siquiera sé por qué.
Y sé lo que es tener el pecho vacío, lo que es pasar una cuchilla sobre las venas, lo que es mezclar pastillas para que todo se acabe. Y dios, sigo aquí.
Y no conocía peor forma de suicidio que la de quedarse contigo. Y quizá si mi vida eres tú, me estoy suicidando. Pero no lo eres. Yo sólo quería quererte todos los días, que te alegrases de volver a verme, que me leyeras tus poemas y que me abrazases en la cama hasta quedarnos dormidos.
Yo no quería atarte a mí, ni quería regalos de navidad ni viajes a la playa con tus padres.
Sólo hacerte feliz. Eso era todo lo que yo quería de ti. Ni siquiera miraba por mí. Y tienes los cojones de pensar que todo es culpa mía. Que siempre me enfado por tonterías y que no te entiendo.
Bien, pues háblame, pero esta vez, dime algo.
Yo ya no sé si quiero que vuelvas, si quiero que regreses, que te quedes, que me dejes en paz para siempre.
Pero te quiero, hijo de puta. Y te puedo asegurar que ninguna chica va a quererte como yo lo hice, como yo lo hago.
Así que sigue buscando en los garitos a tu alma gemela. Sigue creyendo que es ella la que va a salvarte.
Sigue con tu vida y no me olvides, porque llegará el día en el que te arrepientas de haberme perdido.
Y yo, mientras tanto, prometo cuidarme y ser la chica perfecta que nunca fui para nadie.
miércoles, 13 de mayo de 2015
renton, my darling
No quiero tener que elegir la vida, quiero meterme algo que me haga olvidar que no me soporto a mí misma; poder fumar hachís por la mañana mientras alguien abraza la almohada de mi cama.
Tener algo por lo que levantarme cada día, quererme un poco a mí misma y sonreírle al espejo. Dejar de ser una chica triste y bailar en los garitos a donde voy casi por instinto a emborracharme mientras no soporto a la gente y salgo a fumar a la puerta.
Olvidaste que yo también lo perdí todo antes de conocerte. Y que quizá creí que tú serías diferente.
Pero no nos engañemos, tú sólo eres otro chico triste de mierda que se divirtió viéndome sufrir a su costa.
Un puto yonki. Un hijo de puta al que le gustaba llamarse "poeta" pero no era capaz de leer unos tristes versos a la chica que se había dejado la puta vida por verte sonreír.
Así que no te atrevas a llamarme egoísta. Yo no me rendí. Fue tu puta manía de joderme la vida la que decidió que me largase. Y aún así sigo esperando por si tienes algo que decir.
Por si aún recuerdas que prometiste intentarlo y yo sólo veo cocaína en tu bolsillo y no mis manos quitándote la ropa.
Que va, yo no soy perfecta ni mucho menos. Estuve follando con otro mientras tú te metías toda esa mierda en los lavabos. Pero no es nada personal, y mira por dónde fui capaz de hacer lo que no hice contigo: mandar todo a tomar por culo.
También te he maldecido un millón de veces en voz alta, y te compuse una canción que no escucharás nunca.
Quizá si vienes al concierto.
No me gusta esta vida. Estoy tratando de recordar en qué momento se fue toda mi vida a la mierda. Dónde se quedó Laura y qué cojones es en lo que me he convertido.
Puede que esta presión en el pecho me acabe matando. Y sino será el nudo en el estómago. Ya no sé si la angustia es del nudo o si probablemente tendré que preparar mi tiro en las sienes.
Elegí no elegir la vida.
No quiero tener nada que ver con todo lo que os habéis creído que es vida. Con esa rutina de mierda de despertarse cada domingo y preguntarte quién eres.
De no tener ningún sentido, ni sueños.
Sólo otro chute de algo.
Sólo otra cosa que me recuerde que estoy viva, aunque lleve tanto tiempo muerta por dentro.
Yo ya era una chica triste antes de conocerte, no creas que tú tienes algo que ver en esto. Sólo te odio y te quiero más de la cuenta. Sólo me has sacado el corazón del pecho y lo has hecho tu turulo. Sólo tengo el alma calada de llorar por dentro.
Si vas a matarme hazlo ya
y deja de quedarte a medias siempre.
sábado, 9 de mayo de 2015
hostal
Ella abrió el gas,
y le dijo: bésame
como si escuchara
se preguntaba por qué
le había elegido a él
entre un millón de miradas tristes.
Pero nunca encontraba
la respuesta
y él siempre se paseaba
por los pasillos
de la habitación del hostal
con miles de poemas
esparcidos por el suelo
y ella en su cama desnuda
siempre se fumaba un cigarrillo.
Y los poemas echaron a arder,
por dios,
se lo ha llevado todo
y el gas hizo perecer
lo que él había escrito para ella
mientras su musa
desnuda
y con el alma rota
abrió el gas
y cerró los ciclos.
miércoles, 6 de mayo de 2015
Drogadicción, ludopatía; y esas mierdas.
Por cuando empezaste a sentirte una mierda entre un millón de mierdas felices. No hace falta dar explicaciones, ni que lo entiendan. Es mi suicidio personal.
Luego sueles soltar algún insulto, maldices a un par de personas que te han jodido la vida y piensas que quizá deberías hacer algo.
Pides perdón, aunque no sé muy bien por qué. Perdón, simplemente. Supongo que porque morir también cuesta dinero.
Bueno, y por algún daño colateral que pueda surgir después de que encuentren tu cuerpo muerto en la habitación y una nota al lado con un nombre.
Yo hablé con el diablo, el de la guarda. Siempre habrá tiempo para morir, ¿por qué hacerlo ahora?
Y no es que me guste drogarme, ni que dependa de una sustancia para poder sentir algo. Es que vivo en una jaula demasiado pequeña, y no voy a mentirte, tengo cierto apego por ellas. Por eso de que me hacen sentir.
Pero no le digas al adicto que lo deje, porque el amor siempre vive en tu memoria.
Yo te di todo. Quizá fue insuficiente. A veces con miedo, por si se rompía la coraza. Nunca te pedí que dejases la droga, te animé a dejarla. Pero siempre contigo, sabiendo que el drogadicto se pone, luego se quita y luego se pone.
Pero la carta de suicidio omite todo lo bueno, porque no quieren que lo tomen por tonto. Ser feliz también es un castigo. Yo siempre miro al suelo cuando ando; busco excusas para no miraros a los ojos.
Me dais asco.
Me desenvuelvo como puedo, y soy una romántica. Le pido deseos a las fuentes por un beso. Bebo más de la cuenta y a veces dejo que me miréis a los ojos.
Omitiré los días de lluvia, o de sexo.
Me caes muy bien cuando suspiras al verme desnuda.
Podría ser menos sincera, decirte lo que quieres oír, como una marioneta. Pero no soy esa clase de persona que se preocupa en agradar a gilipollas. Puedo asentir y sonreír si eso calma tu ansiedad de contarme mierda que no me interesa, pero no me preguntes si no quieres oír la respuesta.
Hay lluvia en mis ojeras, a veces.
Me busco la vida como puedo, le sonrío a los niños pequeños y a los ancianos que fuman en el parque.
No quiero ser la poeta triste que escribe dramas en cada cama en la que deja que la desnuden. Sírveme whisky, que siempre he sido de leer Bukowski y hacer la calle como las putas.
Le pido un poco de tregua al camarero cuando viene y me pregunta qué deseo.
Tengo pendientes mil viajes,
dejar toda esta mala vida a parte
sacarte de la mierda y que vengas conmigo.
Jamás volverás a pasar hambre y seremos dos tristes enamorados de una ilusión que no existe.
Hazme el amor, hazte el turulo, déjame ser tu guardián entre el centeno.
domingo, 3 de mayo de 2015
Domingo.
Me parece indiferente lo de esta entrada,
pero es domingo
tengo resaca y estoy cansada.
(El vídeo es de ayer, no de hoy. No por nada, sino porque).
viernes, 24 de abril de 2015
street
No te di las manos por si me veías temblar, y dejé el cigarrillo entre mis labios para tener una excusa por la que respirar.
Y no te culpo de las veces que me rompo por dentro cuando hablas y no me dices nada. Ni creo que sea necesario decirte que yo te lo digo todo cuando cierro la boca y te miro a los ojos.
Aunque tú no lo sepas, nos decíamos tanto.
Aunque a ti eso no te recuerde a mi sonrisa y ni siquiera recuerdes que te canté a oscuras esa canción mientras tus brazos rodeaban mi cintura.
No tengo miedo de romperme, sino, más bien de cortar con los pedazos. Porque fui yo la que dijo adiós aquella tarde y tú ni siquiera me miraste a los ojos.
Y te he regalado poemas tristes que escribí mientras lloraba. Aunque la vida me haya enseñado que el tiempo todo lo cura y yo siga queriendo romperme entre tus brazos.
Yo seguí escribiéndote en los días grises, e incluso en los soleados, cuando se supone que nada es triste. Y te vi reflejado en el espejo cuando abrí mis venas y lloró mi cuerpo. Y mis ojos miraban el espejo como si de verdad estuviesen viendo algo.
He de decir que no todo es malo, que me he dejado el corazón en la habitación de al lado por si abrías la puerta y a veces el pomo quería girarse, pero nunca abrirse.
Y quizá se me olvido quitar el pestillo.
Que también has sabido arreglarme y curar mis heridas. Que has cerrado los ciclos, pero luego los has abierto. Por eso de que la noria gira siempre, y lo del ying y el yang.
Has sabido decir la palabra exacta. Aunque el destino sea caprichoso, a veces, y no sea el momento exacto.
Quizá en otra vida, con otras cicatrices.
Y a veces soy yo, cuando no soy nosotros. Y te juro que soy una amante horrible. Que no dejo de pensar en tus ojos cuando los suyos me miran. Que le sonrío por compromiso.
Cuando soy yo, sin ti, todo da vueltas y no veo nada claro. Nada que no sean ganas de morir y de comprar otro paquete de tabaco. Y joder, qué asco doy.
He tratado de ordenar las cosas, hablar conmigo y poner en orden mis prioridades. Lo intento.
Bueno, sólo lo pienso. Y lo voy dejando para mañana. Para uno que nunca llega.
Me engaño, lo hago porque no quiero oírme. No quiero escucharme decir que todo está mal y que debo arreglarlo. Yo que siempre he tratado de esquivar los problemas y de moverme por impulsos. No puedo pedirme pararme a pensar en todo esto. En qué voy a hacer con mi vida y qué pienso ser cuando soy sin ti. Porque, lo quiera o no, voy a tener que ser yo sola y tú no podrás quedarte para siempre. Porque ya no lo haces. Y a ver qué hago yo con toda esta incertidumbre si no vuelves para decirme que soy un puto desastre.
Así que cierro los ojos para no oírme, aunque de vez en cuando me grite en silencio, que tengo que hacer algo con toda esta sangre. Y de verdad, no sé por qué no soy capaz de arreglarme.
No voy a mentirte, me das seguridad y me sostienes toda esta miseria. Así que no me grites si soy pesada, si te pido que te quedes y te lloro a escondidas cuando el mundo se me viene encima y tú no estás para ayudarme.
Dame más besos en la frente y dime eso de que soy una zorra.
Pídeme un abrazo y yo te daré mil más. Pídeme lo que quieras que lo haré, con tal de quedarme otro ratito apoyada en tu pecho, porque me haces sentir viva.
Y hace mucho tiempo que soy una puta suicida que camina por calles oscuras a altas horas de la noche por si alguien me destripa y acaba con esto.
Aunque nunca llegue.
Aunque todo sea en vano.
Perdóname si vi en ti lo que en los demás no vi.
sábado, 18 de abril de 2015
hay colores que se vuelven grises si te fijas bien.
Tengo música en mi cabeza, lo juro. Cuando algo no me interesa, no quiero oírlo o me pongo a discutir, mi mente se evade sola. Y suena música. Música triste, de esa con pianos y violines; y de vez en cuando alguna flauta travesera.
Siempre, no falla. Y me evado casi tanto que he llegado a no recordar años enteros de mi vida. Y de vez en cuando algún recuerdo triste se cuela, y música.
Estoy triste, lo juro. Pero no suenan violines, ni pianos... ni ninguna flauta travesera. Suenan los cristales rotos, cayendo y rompiéndose contra el suelo una y otra vez. Y tengo un vacío en el pecho, cuando alguien dice que me quiere, o cuando alguien me sonríe después del polvo y yo estoy fumándome un cigarrillo. Por el amor de dios, no me sonrías, ¿no ves que no me importas?
Me paso los días queriendo recordar(me) y todo aquello que realmente me hacía feliz en la infancia. Y recuerdo a mi padre jugando conmigo, a mamá ayudándome a hacer pulseras mientras la música sonaba, pero esta vez fuera. Recuerdo correr con mi hermana por el campo, escalar a los árboles y a las piedras altas que había cerca de casa. Y recuerdo las veces que nuestra gata sacaba arañas de casa y mamá se ponía histérica mientras papá jugaba a acercarle palos y éstas se ponían sobre sus patas.
Lo juro, eran arañas negras y peludas. Y enormes. Imaginarlas sobre sus patas.
Luego todo empieza a oscurecerse.
Ya no está papá... no aquel que yo conocía, que yo admiraba, me atrevería a usar también esto en pasado: al que yo quería.
Y supongo que así es la vida. Y qué asco disney y su prototipo de familia feliz. Pero a mí me dejó un vacío en el pecho el día que cogió y desapareció de mi vida.
Y recuerdo mi sonrisa, lo juro, era preciosa. Mamá decía que podía sonreírle a la persona más insensible del mundo y ésta se estremecería por dentro y tendría que devolverme la sonrisa casi por impulso. Que siempre la decían que estaba preciosa sonriendo y que transmitía tanto amor que era imposible no ser feliz a mi lado.
Pero ya no sonrío, supongo. Al menos como antes.. y mi sonrisa sólo deja a la luz mis ojos tristes.
Y no recuerdo cuando fue la última vez que me emocioné por algo, que tuve ilusiones o que no tuviese miedo por caer, otra vez.
Y supongo que de todo se sale, pero no cuando algo dentro va mal.
¿Cómo se sale del monstruo si vive en ti?
Que pongan música fuera,
que me dejen tranquila si sonrío y sigo haciendo feliz a la gente
porque yo estoy rota y triste
¿y a mí quién va a arreglarme?
domingo, 12 de abril de 2015
Réquiem.
Bajé las escaleras del portal y me encontré con él. Abrió la cartera y me enseñó lo que le había pedido. Le di su dinero y le invité a un cigarrillo conmigo. La verdad es que me sentía muy sola, y sólo quería que alguien me acompañase aquella noche. Y me había costado 7 euros.
Después de un par de caladas empecé a sentir náuseas. Y mi cuerpo pesaba más de lo habitual. Literalmente, tenía la necesidad de andar a rastras por si en cualquier momento me desplomaba en el suelo. Entonces me giré y le dije:
- Escucha, puedes esperarme aquí si quieres, pero yo necesito ir al baño.
Y ni siquiera esperé por si tenía algo que decir.
Cuando entré al pub, sentí cómo un par de ojos miraban cómo subía las escaleras hasta el baño. Casi a rastras, lo juro. No había cerrado la puerta cuando me giré y vi el lavabo.
Vomité. Naranja, ¿qué coño?
Y seguidamente me entristeció saber que alguien debía limpiar aquello. Sobre todo porque el váter estaba justo al lado. Y me sentí estúpida.
Luego bajé y me sentí ligera. Fue como deshacerme de la ropa cuando llegas a casa cansada. Como quitarse el sujetador después de un día entero. O como follarte a la persona que te gusta y que lo haga de puta madre.
Me encontré a ese hijo de puta en la barra. Y casi por inercia le pedí una cerveza.
Le dije que esperase fuera.
Y con el tercio en la mano, le pedí por favor salir de aquel antro.
Suelo agobiarme cuando hay mucha gente a mi alrededor. Sobretodo si voy drogada y el cuerpo vuelve a pesarme mil kilos.
Volvimos a su portal y nos tumbamos en el suelo.
Juro que hacía calor y yo tenía frío. Pedí que me abrazase y lo hizo sin rechistar.
Le había visto desnudo, pero sólo quería un abrazo. Lo juro.
Confieso que me sentí vacía. Y que casi me molestaban sus brazos rodeando mi cuerpo. Así que me aparté y miré al techo.
- ¿No tienes la sensación de que esa lámpara se está moviendo? - me dijo, o dije. Ya no lo recuerdo. El caso es que el otro asintió y empezamos a reír como estúpidos.
- Quizá esto te suene raro, pero esa planta de ahí me está diciendo cosas muy estúpidas de ti - dije, de broma, pero me metí tanto en el papel que casi pude oírlas.
- ¿De verás? ¿Y qué dicen? - me siguió el rollo. Y menos mal.
- No puedo decírtelo - y empecé a reír como si realmente lo estuvieran ofendiendo - De verdad, no quieras saberlo - y seguí riendo como una loca.
Y supongo que aquello le gustaba.
Yo sólo no dejaba de sentirme vacía y colocada.
Bebía cerveza y volvía a tumbarme en aquel suelo asquerosamente frío. Y le odiaba.
- Va siendo hora de largarme.
- ¿Por qué?
- No lo sé, sólo quiero irme.
Y nadie dijo nada. Supongo que porque ya había llegado la hora del bajonazo. Y puedo soportarlo, pero no cuando no dejan de reír a mi lado.
Al día siguiente brotaron abismos desde mis ojos,
yo que odio el vértigo y amo lo de saltar al vacío.
Y tenía miedo.
Yo, que prefería las pelis de terror a las de amor.
Yo, que le pedí un último beso por si había despedida.
Ya no preguntes por mí en la barra del bar.
Hoy no me apetece el café y tu media sonrisa.
Hoy zarandeo la pistola entre mis dedos
y tú sigues esperando en la barra a que mi silencio acuda.
Y te quedarás esperando como un idiota.
Y oirás ruido de ambulancias
y sonreirás porque no eres tú.
Pero nunca conociste a la chica triste de la barra. Justo hoy, que ibas a darle tu número.
Hoy que la invitarías a su café
y habrías luchado por hacérselo cada mañana.
Pero ella ya no pensó en nadie,
ni en sí misma.
Y pensó que quizá nadie estaría esperando por su presencia y ojos tristes.
Estaba convencida de ser despreciable.
Y hablaba con sus demonios en la calle
pero nunca gritaba
y siempre sonreía.
Y era tan falso.
Pobre barra de bar,
con la chica trágica ausente
y el amor que nunca presenciaron sus estantes.
lunes, 6 de abril de 2015
empty
Abrazarle era como volver a los seis años,
escondida bajo esa mesa de metal
llorando porque nadie quería jugar conmigo.
Quiero decir que,
abrazarle a él era volver a sentir aquella tristeza,
y la incertidumbre de ser el bicho raro del patio del colegio.
Tenía una alegría extraña,
sonreía,
pero sólo con los dientes.
Y yo veía como sus pequeños monstruos
abrazaban esa cintura
a la que yo me aferraba cada mañana.
Luchando con todas mis ganas
por ser yo la única
que trepase por su cadera.
Mirar a sus ojos era volver a aquel año en el que todo se me vino abajo.
Y vi reflejada mi tristeza en su propia tristeza. Y supongo que casi era un alivio que me pidiera un abrazo cada vez que yo bajaba la mirada y el mundo se quedaba en silencio.
Era como tener un vacío entre las manos, un vacío enorme lleno de tristeza. De unos ojos claros tan oscuros que creía ver el final del pozo. Pero nunca tocaba fondo. Siempre había un poco más.
Y él se dejaba sostener entre mis dedos, como un papel vacío, esperando para que lo llenase de versos tristes
de algún poeta muerto
que definiese el infinito de su mirada perdida.
Y acabó colgado de las manos de la peor poeta del mundo,
que la única poesía que había leído
era la que hacía sus ojos cada mañana.
Como una hoja movida por el viento.
Yo sólo quería rozarle con mis labios
y me pasé con la tormenta.
Y la hoja
cansada de ser movida
por un vaivén de tempestades
buscando un poco de calma
descansó su miseria entre mis manos.
Y yo
cansada de que su tormenta
se llevase todas las hojas
se dio un poco de tregua
y lo dejó descansar entre sus brazos.
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