Por cuando empezaste a sentirte una mierda entre un millón de mierdas felices. No hace falta dar explicaciones, ni que lo entiendan. Es mi suicidio personal.
Luego sueles soltar algún insulto, maldices a un par de personas que te han jodido la vida y piensas que quizá deberías hacer algo.
Pides perdón, aunque no sé muy bien por qué. Perdón, simplemente. Supongo que porque morir también cuesta dinero.
Bueno, y por algún daño colateral que pueda surgir después de que encuentren tu cuerpo muerto en la habitación y una nota al lado con un nombre.
Yo hablé con el diablo, el de la guarda. Siempre habrá tiempo para morir, ¿por qué hacerlo ahora?
Y no es que me guste drogarme, ni que dependa de una sustancia para poder sentir algo. Es que vivo en una jaula demasiado pequeña, y no voy a mentirte, tengo cierto apego por ellas. Por eso de que me hacen sentir.
Pero no le digas al adicto que lo deje, porque el amor siempre vive en tu memoria.
Yo te di todo. Quizá fue insuficiente. A veces con miedo, por si se rompía la coraza. Nunca te pedí que dejases la droga, te animé a dejarla. Pero siempre contigo, sabiendo que el drogadicto se pone, luego se quita y luego se pone.
Pero la carta de suicidio omite todo lo bueno, porque no quieren que lo tomen por tonto. Ser feliz también es un castigo. Yo siempre miro al suelo cuando ando; busco excusas para no miraros a los ojos.
Me dais asco.
Me desenvuelvo como puedo, y soy una romántica. Le pido deseos a las fuentes por un beso. Bebo más de la cuenta y a veces dejo que me miréis a los ojos.
Omitiré los días de lluvia, o de sexo.
Me caes muy bien cuando suspiras al verme desnuda.
Podría ser menos sincera, decirte lo que quieres oír, como una marioneta. Pero no soy esa clase de persona que se preocupa en agradar a gilipollas. Puedo asentir y sonreír si eso calma tu ansiedad de contarme mierda que no me interesa, pero no me preguntes si no quieres oír la respuesta.
Hay lluvia en mis ojeras, a veces.
Me busco la vida como puedo, le sonrío a los niños pequeños y a los ancianos que fuman en el parque.
No quiero ser la poeta triste que escribe dramas en cada cama en la que deja que la desnuden. Sírveme whisky, que siempre he sido de leer Bukowski y hacer la calle como las putas.
Le pido un poco de tregua al camarero cuando viene y me pregunta qué deseo.
Tengo pendientes mil viajes,
dejar toda esta mala vida a parte
sacarte de la mierda y que vengas conmigo.
Jamás volverás a pasar hambre y seremos dos tristes enamorados de una ilusión que no existe.
Hazme el amor, hazte el turulo, déjame ser tu guardián entre el centeno.

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