martes, 31 de marzo de 2015
Fénix.
Cuéntame otra vez el cuento
de que me quieres
y de que el mundo sobra.
O quédate mirándome otra vez,
mientras me mientes
y me dices que me recoja el pelo.
Yo sigo mirando al suelo cuando ando
y me la suda que sea de pesimistas
y de que me estoy perdiendo el cielo
y de que ninguna mirada se cruza
con mis ojos tristes
porque yo no le dejo.
Miro al suelo porque busco consuelo en mis zapatos. No sé, que dejen de pesarme un rato. Que ni siquiera llevo una carga tan grande a la espalda.
Que a ver si dejo atrás el pasado
y empiezo a ver un futuro.
O simplemente porque me dais asco.
Estoy cantándole canciones tristes al piano
y hace que retumbe entre sus huecos
no se lo digas a nadie,
pero he visto llorar a mis demonios
cuando me giro y sonrío sin razones
o cuando me vieron enrollar el billete
y todo se detuvo un instante.
He contado ovejas, defectos y el gotele del techo más de un millón de veces
antes de cerrar los ojos
y poder darme algo de tregua.
Pero cada vez me cuesta más
y cada día duermo un poquito menos.
Y sigo viéndote tan triste y tan frágil
que necesito tenerte entre mis brazos
sin importar nada de lo que yo cargo.
Y llegará el día en que mis pies ya no aguanten el peso
en que todo se derrumbe y se venga abajo
y seré yo la mala del cuento
la que se rindió cuando dijo que no lo haría.
Y quizá debería hacerlo.
Y quizá tú deberías ser sincero.
Decirme que no soy tu tipo,
pero que follo de puta madre
que no quieres nada con mis ojos
pero sí que te mire cuando me muevo encima de tu cintura.
Abrir la botella y brindar por mí
colocarme el cigarro entre los labios
y morir lento.
Pero que nadie se fije en los ojos que llevo.
Dime entonces, que no son tus demonios contra los míos. Que son tus ganas de morir contra mis ganas de seguir buscando un motivo por el que estar viva.
Y follarme todas las despedidas que nos damos con un beso
que no dice nada
que no pide que vuelva
que casi me invita a decir adiós
y cómo odio las despedidas.
Dime, pues, que no soy yo. Que yo estoy preciosa. Que has vuelto a empalmarte cuando has olido mi perfume, y que has olvidado todo lo que querías decirme.
Pero no vuelvas a decirme que me quieres
nunca
ni me pidas que mienta por ti otra vez.
Estoy cansada del beso,
del cigarro de después
y de la autodestrucción de cada día.
viernes, 20 de marzo de 2015
we can try.
Tengo ese nudo en el pecho, otra vez. Y tú no estás aquí.
Estoy pensando en saltar, y que le jodan al vértigo, estoy cansada.
Te echo de menos, quiero abrazarte. Quiero que te quedes, pero que te vayas muy lejos.
Necesito un cigarrillo y que me ofrezcas fuego. Que me invites a quererte o a quedarme.
No sé, llámame. Dime que todo está bien, que vuelves a querer intentarlo, pero esta vez de verdad.
Dime que estoy preciosa desde que soy sincera cuando miro a tus ojos. Que deje de regalarle mi corazón a todo lo que me rodea, porque lo necesito cerca, como a ti.
Dime que no estoy soñando, porque hace tiempo que siento que nada de lo que hago es real. Que nada de esto está pasando. Que estoy viva, ahora, y es de verdad. Hazme bailar a tu lado, cógeme de la cintura y bésame cuando ves que te miro y me guardo las ganas de llorar. No dejes que vuelva a marcharme. No permitas que piense en ese adiós siquiera.
Me siento tan, tan débil que si me abrazases rompería a llorar en tu camisa. Y no dejo de pensar en aquel día, cuando me pediste que no te soltase. Que para sentir algo en un abrazo había que estar más de seis segundos y cerré los ojos cerca de tu pecho. Respiré tu aire, tu perfume. Y cuando me aparté te pregunté: ¿has sentido algo? y respondiste: demasiado. Y me soltaste casi de inmediato. Y me dejé caer. Aquel día soltaste algo más que mi cuerpo. Y ni siquiera escuchaste los pedazos caer.
Una vez más vuelvo a sentirme un juguete entre tus brazos.
Dijiste que querías quedarte, que querías intentarlo. Y yo me pregunto, ¿el qué? ¿quieres ver si al final consigues derrumbarme por completo? ¿cuánto de masoca puedo llegar a ser?
No entiendes nada, ¿verdad?
No vuelvo por mí. Yo nunca vuelvo por mí. Hace tiempo que sé que no son tus ojos en los que me reflejo. Hace tiempo que sé que no son tus manos las que me sostienen cuando todo se viene abajo. Y hace tanto que sé que no es a mí a la que quieres ver cuando despiertas, que decidí apagar las luces de tu cuarto. Quizá para que no vieras cómo me rompo entre tus sábanas. Para que no veas mis ganas de romper a llorar cuando dejas de abrazarme. Porque no soporto ver cómo me miras. Saber que no es a mí, que no soy yo lo que esperas ver.
Y tú sigues creyendo que vuelvo para abrazarme a mí cuando sonríes.. que soy una egoísta. Que todo esto es por mi corazón roto que quiere completarse con tu otra mitad echa pedazos. Y quizá no sabes que soy tan triste que todo lo que toco se vuelve de color oscuro. Que mis lágrimas han dejado de caer sobre la comisura de mis labios cuando me miro al espejo.
Y quizá tampoco llamarás hoy. Ni estarás pensando en mí. Ni habrás bajado del bus esperando ver mi sonrisa.
Estoy pensando en saltar, y sé que tú no estarás abajo.
Sólo el tonto mira al cielo.
martes, 10 de marzo de 2015
la chica del millón de dólares
Estaba pensando en las infinitas ganas de morirme entre las cuatro paredes de esta habitación y que, sin embargo, rogaría piedad si alguien apareciese apuntándome con un arma. No tengo mucho dinero, ni tampoco nada que ofrecer al mundo. Supongo que ni siquiera podría ocurrir. Nadie malgastaría su tiempo en apuntarme con un arma, y mucho menos en apretar el gatillo. Y no sé si es un alivio.
Estoy tratando de abrir el libro y estudiar un poco, llegar al examen y clavarlo. Que mi madre se sintiera orgullosa. Que yo me sintiera orgullosa.
En cambio, estoy sentada en el sofá leyendo un libro, fumando un cigarrillo y contando historias a alguien que ni siquiera conozco. Podrías dejar de leer y no malgastar tu tiempo en mis mierdas. Ni siquiera habrás leído el auxilio de entre líneas que dejo en cada texto. Tampoco has visto mis ojos, no sabes que tengo manchas marrones al rededor del iris, que estoy cansada de explicarlo; son pecas. Ni tampoco me has visto las ojeras, ni me preguntas cómo estoy, ni yo doy mil rodeos, te digo mil cosas y al final no te he dicho nada. Ya has olvidado la pregunta y vuelves a tus cosas. Cada uno con lo suyo.
Sácame de aquí. Estoy sola rodeada de gente, me pesan los párpados. Cierro los ojos con fuerza, pero voy ciega. Muchísimo. Y tengo la sensación de que todo el mundo está en mi contra, no bajo la guardia ni un segundo, pero no veo más allá de mis narices. No dejo de mojarme los labios, y los brakets se me enganchan en las mejillas. Tengo heridas y los labios cortados. Da igual, ya he perdido la cuenta de las caladas que le he dado. He liado tantos que casi no quiero más. Mierda, ya lo tengo entre los labios y el mechero está encendido. ¿Yo para quién hablo?
No soy sexy, no soy la chica que camina con tacones y se gira toda la disco; soy la que odia la disco y el alcohol que no sea Whisky ni cerveza. No tengo unos ojos azules y grandes, son marrones, caídos y un poco bizcos cuando no sé dónde mirar. No tengo unos labios perfilados, son gorditos y agrietados.
No llevo escote, ni tengo las tetas enormes, más bien podría ser un hombre e incluso algunos tendrían más que yo. No llevo pantalones cortos ni con 40°C, no lo sé, llámame loca. Tengo unas piernas perfectas, pero eso qué importa. Tengo curvas y un culo de 10, pero tendré que ir desnuda o subirme la camiseta para que puedas llegar a verlo. Follo bien, o eso creo. Supongo tampoco tiene importancia.
No soy la chica que te dedica canciones de amor, más bien la que te envía 'Helena - The Misfits' y se ofende si la llamas guapa. No soy la chica que te envía un texto en whatsapp diciendo lo mucho que te echa de menos, soy la que llega a casa y tira el móvil en la mesa. Mañana será otro día. No soy la que insinúa que quiere acostarse contigo, soy la que te mira a los ojos y te lo dice directamente, sin rodeos.
La que se enciende el cigarrillo después del polvo y se queda mirando a la nada, no preguntes, yo tampoco lo sé. Soy la que no se enamora nunca, y se enamora del capullo que es igual que ella y la deja en la cama mientras ella quiere quedarse a abrazarle.
Soy de las que cree en el karma, de las que te miran a los ojos y ya saben de qué pie cojeas. La que está callada en el fondo y analiza a medio garito. La que escribe palabras vacías en un folio y luego se las fuma.
La chica sin futuro que nadie quiere, la de los ojos tristes y la sonrisa de mierda. La que tiene el autoestima por los suelos y a veces se para a pisarla. La masoca que vuelve para tropezarse otras 30 veces con la misma piedra pero pone punto final y se larga. Pero sólo cuando lo pone, ten paciencia, tardará lo justo. En el momento más inoportuno, entonces es cuando lo hará. Esa soy yo. La que apuesta al 14 y cuando apuesta al 3 sale el anterior. La que guarda todo dentro hasta que estalla, y nadie sabe qué ha pasado. "Joder, tampoco es para tanto"
La que no llora nunca hasta que muere un animal en la peli. La chica que todos buscan, por apariencia, por el morbo de la locura. Porque está loca. Porque es divertida y folla de puta madre. Pero empieza a acojonar cuando tiene cambios bruscos de humor, porque se ha cansado. Porque paso de aguantar sus movidas. Tampoco la quería tanto.
La chica del hola y adiós, la del porro y la cerveza y la música ska. La que a veces llora cuando se acuerda de ella. La chica perdida que no tiene valor, porque ella se lo quita. Porque nadie la quiere. La chica que no grita en el parque de atracciones, la del café a las siete de la mañana, pero también el de las seis de la tarde. La chica que juega a los videojuegos pero no tiene ni puta idea, y se pica si la ganas. En serio, cuidado, no la ganes ni te dejes ganar. Sólo apaga la consola y follatela en el sofá. Luego dale un beso en la frente y abrazala, pero no dejes que respire.
Soy esa;
pero no ella.
miércoles, 4 de marzo de 2015
What nobody writes me.
Aquella mañana ella estaba preciosa, el mechón de pelo que era más largo que el resto le caía por el rostro y rozaba sus labios con ternura, esperando para que yo lo retirase y pudiese besarla. Sin embargo, tenía la cara triste, sus ojos me gritaban auxilio y sus labios parecían cansados. Tiritando para controlar que no le escapase ni una sola lágrima.
La acerqué contra mi pecho y dejé que escuchase mis latidos.
Sequé sus lágrimas y le traje su taza de café diaria a la cama. No se le pueden pedir sonrisas a la tristeza, pero ella lo hacía y el mundo era demasiado pequeño en comparación.
Dio el primer sorbo con miedo, y me miró de reojo.
Ojalá supiera lo mucho que valen sus ojeras, su mirada triste y todas sus cicatrices.
Coge un cigarrillo, papel y el chivato de la mesilla. Termina y se lo coloca entre los labios, y es increíble como algo mortal me parece precioso cuando es ella la que enciende el mechero y no da tiempo a que el viento apague su miseria.
Deja escapar el humo. Respira hondo y da un trago a su café. Nada le importa una mierda y está desnuda sobre mis sábanas. Tiene sus tetas descubiertas y se tumba hacía atrás y da otra calada más. Noto cómo se inflan sus pulmones y como su pecho le marca las costillas cuando se tumba. También su cadera es ahora más delgada y las sábanas no me dejan ver más. Cosa que la hace más sexy y misteriosa. Vuelve a llenar sus pulmones de esa mierda. Cierra los ojos y piensa en la muerte. Sonríe.
Ya habrá tiempo para eso.
Mientras tanto se deja el pelo despeinado y baila desnuda por la casa; canta y me sonríe cuando le pido que me bese.
Mientras tanto se deja el pelo despeinado y baila desnuda por la casa; canta y me sonríe cuando le pido que me bese.
Recoge su pelo en un moño que deja a la vista su piel; y el pelo se descoloca entre la goma del coletero. Deja dos mechones caer sobre sus mejillas y deja al descubierto los dos lunares de la clavícula.
Sale de la cama y coge mi camiseta de "Santa Cruz" azul, naranja y blanca; con el logo de la mano a la espalda y se pone las braguitas azules de encaje que tanto me gustan. Se tira en el sofá y me invita a su lado, me besa tan despacio que casi puedo saborear aún el humo que desprende su boca. Rodea mi cintura con sus piernas y me pide que le diga cuánto la quiero. Sonrío y la beso. Y sé que con eso le basta, que pasa de palabras vacías y me abraza con fuerza.
Y me mira de esa forma tan extraña. Su mirada inquieta que no sabe dónde pararse. Que me analiza en un segundo y no deja que mi mirada sea triste aunque la suya se esté muriendo poco a poco. Y sonríe tantas veces que me confunde. La oigo reír a carcajadas y pone las noticias para burlarse.
"Cariño, no te preocupes, todo va bien. Las noticias dicen que estamos saliendo de la crisis, que la educación cada vez es mejor y que el paro está bajando" y ríe irónicamente "¡igual es porque los trabajadores se van del país a "transitar Alemania" porque aquí ya no queda nada!" y escucho el mechero. Es una jodida cría, y apaga la tele.
Deja la habitación cerrada y entre abre la persiana. Hay tanto humo en la habitación que yo también estoy colocado. Y sigue estando preciosa.
"Te he escrito un poema", me dice. Y se pone a recitar:
Anoche pensaba en la muerte
me besaba y me cogía de la mano
yo miré tus labios y me quedé inerte
me dijo que nada de esto había pasado.
Desperté y te vi dormido,
a mi lado como siempre
me acurruqué a tu lado
y te abracé como de costumbre.
Quizá tú no lo sepas
porque no suelo decírtelo
pero gracias
por todo lo que me das sin pedírtelo.
No te mereces mi tristeza, ni mis malas caras
anoche me despertó la muerte
con ganas de tenerme entre sus garras.
miércoles, 25 de febrero de 2015
La voz del silencio.
"¿Qué quieres ser de mayor?"
Nos pasamos la vida pensando en el futuro. Planificando los meses, los días e incluso los años. Creyendo que siempre hay tiempo, hasta que se acaba.
Hoy vengo a quejarme desde abajo. Desde la voz del pueblo que nadie oye, y desde el alumno dispuesto a aprender y no a memorizar.
Los niños estamos cansados de vuestro futuro. Queremos ser niños, no máquinas. Queremos preguntar: ¿y esto por qué es así? Queremos saber.
Queremos que mamá tenga un trabajo digno y no se pase la jornada limpiando el culo de otras personas y cobrando menos que Leticia.
Queremos que papá no se parta el espinazo mientras la "unión general de trabajadores" se sientan en su puesto para organizar manifestaciones que van a cobrar.
Queremos que los profesores nos enseñen a pensar, que nos ayuden a entender y que nos ayuden cuando no podemos más.
"Sois niños y sólo tenéis que preocuparos de estudiar" te dicen, mientras te martirizan con el futuro.
¿Y qué futuro? Nos habéis dejado con las manos vacías, vendidos ante un futuro negro. Condenados a salir de aquí y buscarnos la vida, sabiendo que tendremos que volver y arrodillarnos por un trabajo que no nos dejará respirar.
Queremos luchar, pero enhorabuena, les habéis lavado el cerebro con el fútbol. Les habéis metido el racismo en la cabeza "hay demasiado inmigrante quitándonos puestos de trabajo".
Y mientras el político vive de eso.
Queremos protestar, y nos mandáis callar. Manipulais con la prensa, y nos atontais con programas de mierda como "GH".
Pues aún sigue habiendo una minoría que no quiere tragar. Que quiere un cambio, y lo quiere ya. Que no estamos aquí para seguir al rebaño.
Volvemos al pasado, ¿no? 3+2, educación pública que se vuelve privada. ¿Volvemos a aquello de "estudia el que se lo puede permitir"? Y los demás a callar y apechugar con lo que toca. Lavándoles el cerebro con la religión, con un Dios que dice que hay que callar y perdonar. Callar porque es la voluntad de Dios, y Dios le da a cada persona lo que sabe que puede aguantar. Y una mierda.
Esta es la generación perdida, la que ha crecido con la nueva tecnología y os ha venido de puta madre para manipular.
Yo no soy la más indicada para quejarme cuando hablo de educación. Pero al menos comprendo. Y sé que en este pueblo, nadie ha hecho el mínimo esfuerzo por manifestarse ante algo que les está estrechando el camino. Ante algo que les está entorpeciendo.
Grito aquí porque alguien escucha. Siempre hay alguien.
No queremos ser el pueblo sometido.
Un país que ignora su historia, está condenado a repetirla.
Nos pasamos la vida pensando en el futuro. Planificando los meses, los días e incluso los años. Creyendo que siempre hay tiempo, hasta que se acaba.
Hoy vengo a quejarme desde abajo. Desde la voz del pueblo que nadie oye, y desde el alumno dispuesto a aprender y no a memorizar.
Los niños estamos cansados de vuestro futuro. Queremos ser niños, no máquinas. Queremos preguntar: ¿y esto por qué es así? Queremos saber.
Queremos que mamá tenga un trabajo digno y no se pase la jornada limpiando el culo de otras personas y cobrando menos que Leticia.
Queremos que papá no se parta el espinazo mientras la "unión general de trabajadores" se sientan en su puesto para organizar manifestaciones que van a cobrar.
Queremos que los profesores nos enseñen a pensar, que nos ayuden a entender y que nos ayuden cuando no podemos más.
"Sois niños y sólo tenéis que preocuparos de estudiar" te dicen, mientras te martirizan con el futuro.
¿Y qué futuro? Nos habéis dejado con las manos vacías, vendidos ante un futuro negro. Condenados a salir de aquí y buscarnos la vida, sabiendo que tendremos que volver y arrodillarnos por un trabajo que no nos dejará respirar.
Queremos luchar, pero enhorabuena, les habéis lavado el cerebro con el fútbol. Les habéis metido el racismo en la cabeza "hay demasiado inmigrante quitándonos puestos de trabajo".
Y mientras el político vive de eso.
Queremos protestar, y nos mandáis callar. Manipulais con la prensa, y nos atontais con programas de mierda como "GH".
Pues aún sigue habiendo una minoría que no quiere tragar. Que quiere un cambio, y lo quiere ya. Que no estamos aquí para seguir al rebaño.
Volvemos al pasado, ¿no? 3+2, educación pública que se vuelve privada. ¿Volvemos a aquello de "estudia el que se lo puede permitir"? Y los demás a callar y apechugar con lo que toca. Lavándoles el cerebro con la religión, con un Dios que dice que hay que callar y perdonar. Callar porque es la voluntad de Dios, y Dios le da a cada persona lo que sabe que puede aguantar. Y una mierda.
Esta es la generación perdida, la que ha crecido con la nueva tecnología y os ha venido de puta madre para manipular.
Yo no soy la más indicada para quejarme cuando hablo de educación. Pero al menos comprendo. Y sé que en este pueblo, nadie ha hecho el mínimo esfuerzo por manifestarse ante algo que les está estrechando el camino. Ante algo que les está entorpeciendo.
Grito aquí porque alguien escucha. Siempre hay alguien.
No queremos ser el pueblo sometido.
Un país que ignora su historia, está condenado a repetirla.
¿Huelgas convocadas?
Nosotros gritamos siempre
no cuando lo organicen.
Despertad del trance
limpiad vuestro cerebro.
-somos el pueblo que quiere despertar de la resaca-.
lunes, 23 de febrero de 2015
Borradores.
I.
Qué te pasa - dice.
Y me remango la camisa
Como si no lo supiera
Aquí arderá Troya.
Le pido un beso,
un gesto
y me bajo las braguitas
Me mira a los ojos y me miente
a mí no me engaña.
Abro las piernas y dejo que entre
otra noche de pánico entre las sábanas
otra noche de tiritos;
de tiritas para el alma.
Suena la alarma y aún no he dormido nada
hago el café y me siento a esperar
(que todo haya pasado y llegue el funeral)
Qué me pasa - dice.
Cierro los ojos y espero despertar
de esta pesadilla que no acaba
tengo el revólver bajo la almohada
por si algún demonio me hace apretar el gatillo.
Bom.
Se acabó. Fuera.
II.
(Desastres)
Mienten tus ojos
cuando me dicen "lo siento"
cuando prometo
que estoy tratando de salir de mis abismos.
Bajo la guardia un segundo
no me conoces
no me analices
te llevo horas mirando.
Te vas
y vuelves con más fuerza
yo ya me puse la coraza
¿tú dónde estás?
Hice principios
en el punto y final del cuento
de las veces que estuve en tu cuarto
y no me miraste a los ojos.
Ya no quiero verte
vuelvo al abismo
dejo escapar el humo
Vuelve cuando quieras - dijiste.
Saco otro cigarrillo
te odio.
te quiero.
(Eres un capullo).
Grito en silencio:
vete
quédate
Y ya no queda nada. Sólo el espacio.
Vuelvo a la cama
te quise y te fuiste
me fui y tú viniste
ninguno puso la alarma.
No me despiertes
si no es para follar
hay un par de cigarrillos en la mesilla
coge los billetes
y púdrete conmigo.
III.
(...)
Te he escrito un poema;
se llama: "la sudadera que me debes"
y habla de follar en portales
de mirarnos los miedos de frente
e ignorar nuestros ojos.
Lo he roto un millón de veces
y lo he quemado con el mechero sin gas
(no preguntes cómo)
Hace semanas que no nos vemos
y he vuelto a pasar por aquel bar
creí que hablaban de mí tus palabras tristes
por eso me enfadé aquella tarde.
Tampoco me sorprende.
Me queda una pastilla (solo)
y estoy muerta de pánico
- para o tendrás que gastarla -
me automedico lo que veo necesario.
Cojo otro cigarrillo
y tú ni siquiera estás mirando.
Quizá vuelva algún día
si es que alguna vez me marcho.
Te veo triste (- me dicen)
pues no me había fijado
¿tú crees?
No se acaba esta tortura
no se callan las voces
tendré que pegarme un tiro en las sienes
y escribir una carta de suicidio:
"perdón por el desorden"
y mis sesos esparcidos por las paredes.
Cogeré un revólver (porque suena poético)
quizá escriba sobre mí algún poeta muerto
pero me esperaba una muerte menos triste
siempre he querido morir de un orgasmo
o de un apocalipsis zombie.
Pero el caso es morir,
la desgracia es que no ocurra.
"Eres la peor cosa que me ha pasado en la vida" - me grita el espejo.
O yo a él. Otro lunes de mierda (triste)
otro día que no piso el cementerio.
Solía ser encantadora, pero perdió la fe en sí misma; es un monstruo, es una pérdida humana infecciosa, buena suerte tratando de salvarla.
miércoles, 18 de febrero de 2015
vis a vis.
Estuve allí aquella noche, cuando nadie había.
Cuando tus pupilas empezaron a hacerse grandes en la niebla.
Habría cambiado follarte por un beso. Cuando todo fue gris.
Se consume el cigarro en mi cenicero,
fui tuya desde que dijiste el primer te quiero. Y me callé.
No puedo cerrar estos ciclos. Sólo me siento y espero.
Y no sé qué hacer.
Te juro que lo he intentado, que busco razones cada vez que me levanto
que he intentado ser menos triste. No llorar cuando escucho tus canciones.
Todas las noches en mi cuarto, pensando que no es para tanto, que mañana todo estará bien.
Que he cerrado los ojos un millón de veces, por si apareces cuando me caigo.
He intentado levantarme, llamar y decir que te echo de menos, que ya no pienso en mis demonios.
Decirte que todo va bien. Volver a casa y preparar la comida, caer rendida sobre mis piernas, encender el cigarrillo y echarlo todo a arder. Tú siempre fuiste el débil. Y te grité mil cosas aquella noche. Luego pedí que te quedases. No fuiste sincero.
Y sé que ella está orgullosa de lo que eres. Que yo nunca fui suficiente.
Puede que simplemente no esté hecha para nadie.
Y echo de menos poner mi cabeza sobre tu pecho, escuchar tus latidos.
Ser alguien entre tus brazos.
Y quiero intentarlo.
Que tengo deudas con mis padres, con mi hermana. A los demás no os debo nada.
No dijiste que me fuera aquella tarde, yo dejé tus manos a la altura de mis piernas.
Enrollar el billete y no ser nadie.
(Devuélveme la vida que me quitas).
Perdóname, no quise traicionarme.
Qué mas da si todo se hunde, si al fin y al cabo estoy hecha de agujeros.
Me dejé el corazón, como pediste.Y tampoco sirvió de nada.
Me dejé los buenos modales en casa, para ser diferente entre tus sábanas (porque sé que te cansa la rutina y que te pida permiso para ir desnuda a la cocina).
Me dejé la poesía que escribí de tus lunares secándose en la cuerda de tender, junto a los corazones rotos que me pidieron ser rescatados.
Te he visto ser tú en la misma habitación donde fuimos.
Y no he vuelto a pensar en otros ojos.
Te echo de menos cuando pienso en mis heridas, porque al fin y al cabo tú entraste a removerlas, pero quédate.
No le contéis a mis hijos lo que fui yo entonces, porque no existirán, y yo viviré encerrada en cuatro paredes de rojo y pastillas para dormir que no lo hacen.
Soy todo el conjunto de tus miedos y los míos. Y cuesta convivir con ello.
Volví a escribirte otra poesía cuando rocé tu piel. Porque no quiero olvidarte y que todo sea efímero;
no esperes que me olvide de tus ojos.
Recuerdo mis tetas en tu boca y el olor de tu colonia. Esa canción de amor que nunca escribiste.
Soy más de escribirle a lo que pudo ser.
Y he tenido infinidad de noches como esta, pero cada vez las soporto menos.
Como el que da un suspiro y luego se olvida, pero no calma. Y vuelve con más fuerza.
Me está quemando el pecho de todas las cosas que me guardo.
Y un día te ves reflejado en el cristal de la ventana y el vaho te pide a gritos su nombre,
pero tú ya has estado llorando mientras la lluvia limpiaba las calles.
Así que coges al orgullo por los huevos, le pones maquillaje y te sientas frente al espejo.
No voy a morder al tiempo en este viaje, ni voy a parar los latidos de aquella noche que no existe.
Aquella noche cogí un taxi para ver las luces; hablo de Madrid y de noviembre.
De acordarme de septiembre y dedicarte versos de heridas abiertas.
Hay sombras en mi habitación que guardan el silencio que comparto.
Yo quise dejar atrás mis miedos cuando aquel hijo de puta hizo contacto con mis ojos.
Y aún sigo creyendo que aquel ascensor al que nunca subimos debió presenciar nuestro sexo y nuestro odio de aquella noche que no existe.
No corras, cobarde.
¿A caso tengo cara de suicida que pretenda suicidarse?
¿O de que ningún puente esté enamorado de mí?
Tú nunca podrás entenderlo, y yo jamás tendré descanso.
No le busques sentido a lo trágico,
estoy fuera de toda vuestra mierda.
jueves, 29 de enero de 2015
28 de enero, no os engañéis.
Podrías
haber sido tú el que golpeaba la puerta, para sacarme.
Pude haber
sido yo la que golpeara la puerta, para salvarte.
Pero no
fuimos ninguno, y yo salía mientras tú entrabas, o qué sé yo.
Hoy quiero
tener algo de paz, por si vienes proponiendo guerra
Por si tengo
que darte tregua.
Puedes
entrar despacio y dejar tus miedos sobre la mesilla de noche, o puedes ponerlos
junto a los míos, pero por favor, no hagas ruido; que los despiertas.
Dejo los
cigarrillos en la salida, para que puedas despedirte, o para que tardes más en
irte y no tenga que volver a subir las cuarenta y seis escaleras hasta tu puerta.
O para que no termines de besarme nunca; tú creerás que no lo sé pero te quedas
mirando incluso cuando ya me he dado la vuelta, y yo me quedo sonriendo hasta que
me doy cuenta de que probablemente ya no volveremos a vernos. Y llevo de la
mano toda la incertidumbre, que me descoloca y me deja la mirada perdida. He
perdido trenes por quedarme esperando en tu andén, pero también me he desnudado
en otras camas por despecho (no).
(Pero) con el corazón sobre tus sábanas, porque tú has sido mi habitación de al lado, y no sé cómo explicarte que no pude marcharme cuando me lo pediste. Igual que tú te marchaste cuando pedí que te quedaras.
(Pero) con el corazón sobre tus sábanas, porque tú has sido mi habitación de al lado, y no sé cómo explicarte que no pude marcharme cuando me lo pediste. Igual que tú te marchaste cuando pedí que te quedaras.
Puedes
entrar y descolocar los cajones donde guardo todas mis letras vacías
O puedes
quemar las poesías que te regalé, total, ya no sé dónde las guardé cuando te
fuiste.
Quise gritar
todo lo que me estaba callando, lo juro, quise decir que te quedaras. Quise
poder levantarme y decirte que todo esto se me da peor que a ti, y que sólo
quería que supieras lo mucho que significaba para mí lo que tus ojos decían
cuando bajabas la mirada.
Pero en
lugar de eso me dejé caer sobre mis rodillas y me tape la cara con la manga de
la sudadera (como cuando no quiero que veas lo mucho que sonrío cuando estoy
contigo) y pasó el tiempo tan despacio, o tan rápido, que cuando quise ir a
buscarte ya te habías ido, y para entonces yo ya me había dejado morir en las
esquinas donde me iba parando para gritar en silencio lo mucho que quería
gritar lo estúpido que eres.
Luego me
fumé un cigarrillo y pensé en no volver a verte nunca. Y la cerveza estaba tan
fría que creo que consiguió calmar un poco todo lo que me estaba quemando por
dentro.
Después
estuve esperando un mensaje. Estuve tanto tiempo sin llorar que realmente
llegué a pensar que había muerto en aquel parque. Empecé a no dormir nunca,
porque sólo lograba verte a ti con mi corazón pisoteado y tu nariz hecha tabaco
por no recordar que fuiste tú el que decidió darle una patada a la única
persona que se habría quedado a abrazarte incluso después de eso.
Y entonces,
no sé, cambié los cigarrillos y los guardé en el cajón donde nadie nunca mira,
donde guardo la maría y todas las cosas que me muero por decir pero nadie me
pregunta. Y supongo que el mundo se te vino encima, o abajo (y tú y yo sabemos
que a veces, cuando todo pesa, hay que quitarse la ropa para darse algo de
ventaja) así que volví a dejarme los calcetines puestos, por si había que salir
corriendo con las bragas en las manos, dispuesta a gritarte dónde estaba el
resto de mi ropa.
Me quitabas
la ropa como las dudas, despacito y sin mediar palabra alguna, para joderme
otro ratito y volver con las manos vacías a casa. Me quitaste la cordura y el amor
propio, y me tensabas la cuerda de las manos. Por si volvía, o por si decidía
irme.
Me quitabas
la ropa para ponerme sobre tus penurias, donde escribías todas tus miserias y
los reflejos de los ojos de otra chica. Me dejaste el corazón roto, en otra habitación,
donde no existía el pegamento, ni las manos en las que descansaban mis miedos.
Déjate de tonterías y de habitaciones paralelas, que yo me enamoré de tus
miserias, de tus palabras a medias y de tus nudos en la garganta. De todas las
veces que me decías que todo estaba mal, y que no podíamos seguir viéndonos. De
esos ojos que no dejaban de gritar un poco de auxilio.
Quizá sea
yo, pero tus manos eran más firmes cuando recorrían mi cuerpo. Todos tus gestos
eran más dulces cuando nada se interponía entre tu infierno y el mío. Como si
quisieras quedarte para siempre y supieras que estabas donde querías estar.
Vuelvo a pedirte perdón por ser tan analítica con todo esto. Pero no por ti,
sino por mí y por todas las veces que te mando a la mierda y luego te beso
antes de atreverme a mediar palabra alguna.
Estoy
acojonada, realmente no sé qué hacer. No tengo ni idea de qué movimientos son
los que debería hacer para que las cosas me salgan bien de una puta vez. Y lo
único que pido es llegar a casa hasta los cojones del mundo y que tu sigas ahí
esperándome. Que estés ahí cuando nada tiene sentido. Que quieras complicarte
un poco la vida conmigo. Que terminemos todas nuestras peleas en polvos y que
nunca se te olvide que voy a quedarme incluso cuando quiera levantar la voz
para mandarte a la mierda.
Y que tú
sientas lo mismo. Que San Valentín nos celebre a nosotros y que cada cumpleaños
nos perdamos en cualquier parte de esta mierda de pueblo. Que no nos
felicitemos por hacernos más viejos y celebremos que ya está un poco más cerca
la muerte. O que la muerte sienta celos de las veces que he muerto por ti y tú
por que no llorase.
No me pidas
que no lo haga. No me digas que todo esto es por mi bien, y no vuelvas a ser el
gilipollas que no se acuerda de su nombre a las tres de la mañana. Que seas
feliz a medias, o que por fin sientas que no todo es una mierda cuando el día
se pone de nuestra parte. Yo prometo dejarte libre, pero no pretendas que deje
de preocuparme por tus hábitos.
No dejes que
yo sea el motivo de nada en tu vida, y mucho menos de que ella sea el motivo de
tus ojeras, o de tus manías. Ojalá pudieras verte con mis ojos, y te dieses
cuenta de que todo esto es por ti, y porque hace tiempo que mereces que alguien
te diga al oído que todo va a salir bien. Y que alguien se quede y confíe en
todo lo que sabes y te esfuerzas por saber hacer.
Que se quede
y todo vaya lento, por una vez. Que tu vida deje de ser impulsos y empiece a
bajar el ritmo. Que ya no pregunten por ti en los garitos y que dejen de
salvarte la vida cada vez que sales.
Quédate
conmigo si crees que lo merezco, porque yo también quise desaparecer para
siempre, y dime, ¿por qué no saliste a buscarme?
Yo también
quise desangrarme, y me inflé a pastillas cuando viniste a reprocharme mis
heridas.
Por eso te
pido (te exijo), que te cuides; por el hijo que no tuvimos.
martes, 13 de enero de 2015
No feelings, just sex.
Hago un llamamiento a la cordura, que parece volver a fallarme.
Voy a volver a traicionarme, aunque ya he perdido la cuenta de las veces que me medico con las mismas historias de siempre.
Soy una chica de costumbres, no soy fan de los cambios y me adapto (mal, fatal) a las circunstancias que me rodean - lo cuál es irónico ya que apoyo ciegamente la anarquía - y me gusta llevar el pelo despeinado. Me gusta bailar rock and roll en los discos de vinilo que me regaló mi padre y seguidamente cantar 'Romeo and Juliet' de Dire Straits mientras me tumbo en el sofá y junto, zarandeo y juego con la punta de mis pies.
Me quejo unas cien mil veces al día, de todo en general, y me fumo un cigarrillo pensando en si quedará sexy esta imagen tan desaliñada y despreocupada que reflejo.
Me acuerdo de ti, pero también de que tengo que vestirme por las mañanas, lo cuál no veo cuál es la diferencia. De hecho, casi me parece un logro recordarlo.
- Eso no, que vas al instituto, ¿no te das cuenta de la imagen que das con esa ropa?
- ¿Imagen? Voy al instituto a aprender, esto sólo cubre mi cuerpo.
Así que vuelvo a desvestirme y me pongo una sudadera que no tenga dibujos de manos liándose un porro.
¿Qué? No me mires así, es tan calentita.
Soy "ese tipo de", que quiere que se la recuerde como "aquella chica que le echaba una cucharadita de Nesquik al café y follaba mejor de lo que había escuchado".
De ti quise que mis hijos llevaran tus ojos, pero no vamos a engañarnos, eso jamás habría ocurrido.
Tengo cierto problema con los hombres con trastornos mentales, o simplemente tan tristes que ellos en sí son un problema. Siento unas ganas irremediables de abrazarles y prometerles que todo irá mejor cuando yo llegue a sus vidas. Reparar corazones rotos, con una inmensa herida en el mío. De usarlo como cenicero, lleno de agujeros de colillas que una vez rozaron tus labios.
Soy de esas mujeres que ama la lluvia y la ama con todas sus consecuencias, que ha bailado, corrido y gritado pero nunca ha besado bajo ella. La que pisa los charcos y se abraza a sí misma cuando por fin el frío cala dentro.
Voy a convencerte de que podría haber sido la mejor historia de tu vida, y por supuesto voy a follarnos hasta que tu cuerpo aguante, luego volveré a ponerme mis braguitas y volveré a casa sin ningún tipo de pregunta, ni incertidumbre, ni miedos. Sólo voy a volver, con la esperanza de que no me llames nunca, pero que volvamos a repetirnos de vez en cuando.
Voy a llamar a mi cordura para que me explique qué es lo que ha hecho, y voy a volver a casa con el amor propio intacto.
Soy ese tipo de chica que se odia mucho a sí misma pero no esconde el brazo cuando tira la piedra.
Soy de esa clase de chicas que, escribe esto, lo titula y vuelve a traicionarse unas diez veces por dentro.
Miércoles, 14 de enero de 2015.
02:24
Que os den.
domingo, 28 de diciembre de 2014
Sueña conmigo.
Estoy tratando de mantener la calma desde que todas esas
pistolas me apuntan en las sienes y no disparan. Joder, ¡no disparan! y las
luces de la calle han dejado de existir en mi retina, todo se está quedando
oscuro. Tengo la ansiedad atada al cuello, al estómago y a los temblores de mi
cuerpo. Estoy tratando de mantener la calma, pero no disparan y qué se yo.
Me estoy acordando de tu pelo, de tu pequeña habitación
oscura.
¿Por qué siempre está a oscuras y nunca en silencio?
No puedo dejar de
pensarte, tengo unas ganas horribles de follar contigo o de que me enseñes el
camino hasta tu baño.
Me estoy ahogando de tanto llover por dentro, toda esta
tormenta no me deja dormir y anoche estuve soñando contigo. Y qué tortura
cuando me he despertado. Jódeme la vida, no te preocupes por mis cicatrices.
Quédate conmigo ahora que todo arde, que nadie quiere las cenizas.
Has escrito un libro en mis ojeras, aunque no lo sepas.
Aunque lleves todo esto al margen y nada te importe una mierda. Quiero gritar.
Quiero disparar yo el arma y que se joda el espejo. A nadie le importa sus
pedazos, lo he dicho innumerables veces. Nadie escuchó aquel portazo.
¡Quédate!
(no permitas que me marche).
Me estoy torturando con tu niebla, con las ganas de volverte a ver. Creí haberte perdido en septiembre,
pero volviste con polvo en la cartera, con la camisa de fuerza entre las
pupilas y tus ganas de que volviera a desatarla. Escríbeme otro mensaje de
tregua, que me tatuaste tu cruz a las espaldas. No creas que no te quiero, que
te quise por lo que fuiste y no por lo que aparentabas.
Hablo de nombres en clave, de los lavabos con tu nombre, de
escaparnos a Madrid. Conservo tus recuerdos en la sangre que vertí por el desagüe,
y a nuestros hijos en las cartas que me tiraste. Cuando borracha te escribí mil
mensajes. Te llamé capullo y cielo en una misma frase. Nuestro escondite
siempre fueron tus cuatro paredes. No busques más donde no hay nada. ¿Cuándo
vas a entender que mis ojeras llevan tu nombre?
Estoy harta de las caras. De las voces. Coger un libro de la
estantería de tu cuarto y sentarme sobre tus sábanas. Con el culo cansado de
estar sentada todo el día. Cansada de ver tanta gente y de que tu cajetilla de
tabaco siempre esté abierta. De tu ropa por ahí tirada en un desorden
delirante. Fúmate ese cigarrillo y vuelve a desnudarme.
Voy a gritar que me vuelves loca, literalmente. Voy a tocar las
cuerdas de tu guitarra hasta que te sepas el número de veces que las rasgo
hasta que me arranco a cantar tu canción “preferida”. Hasta que te enamores del
pelo que se desliza por mis mejillas tapándome la desidia. Hasta que vuelvas a
abrazarme por la espalda mientras te canto despacito que te quedes.
Escribir. Escribir. Beber cerveza. Follarnos. Llorar. Fumar.
Drogarnos. Escribir. Besarte las heridas. Abrazarte la coraza. Hacerte el amor.
Quererte toda mi puta vida.
No voy a hacerte promesas por el simple hecho de ver tu
sonrisa, ¿recuerdas? Voy a mandarte a la mierda para que vuelvas conmigo. Voy a
pedirte que te quedes mientras me largo. Voy a gritarle al mundo que no hay
nada que no me guste de ti.
Voy a hacer de tu infierno la mejor cama, el mejor orgasmo y
de mí tu mejor pesadilla. No tengo nada que perder más que tu paciencia
conmigo. No te canses nunca, porque yo no lo hago. A la mierda el amor propio,
¿no ves que te echo en falta?
¿No ves que no te has ido y ya has hecho las maletas?
Dios, voy a volverme loca y no hay cielo hecho a mi medida. Déjame
quedarme en tus infiernos. Déjame decirte que sigues teniendo mi nota de
suicidio y aún no te ha hecho falta. Dime que no me quieres y que nunca he significado
nada. No te rías.
Sé que todo esto no tiene sentido, y qué. Cuándo nada de lo
que hago tiene el más mínimo sentido. Te quiero, más que a mi puta vida, dime
qué sentido tiene eso. Voy a llorar aunque tú no lo quieras, aunque me pidas
que no lo haga. Voy a quererte y a buscarte hasta que por fin admitas que te
encanta, entonces me quedaré contigo hasta que el tiempo desgaste nuestra
ruina. Voy a ser yo, sin fingir, lo prometo. Voy a salir de esta mierda y luego
volveré para sacarte. Que te jodan si aún crees que miento y que no puedo. Y
deja de reírte.
Vamos a ver una peli porno, que ya te echo de menos.
miércoles, 24 de diciembre de 2014
«ojalá te hubieras quedado».
Anoche tampoco dormí una mierda,
supongo que no va a cambiar mi suerte nunca.
Hace tiempo que he dejado de sentir nada,
y todo empieza a deshacerse poco a poco.
Hoy es noche buena, o mala, o a secas.
Ayer me preguntaron si me pondría sexy; qué tonterías, como si no lo fuese ya. No sé qué me ocurre. Ya he dejado de escribir (como lo hacía antes), odio a cada una de las personas que me rodean porque ninguna se da cuenta de que me estoy hundiendo. Que llevo tiempo ahí abajo, pero supongo que es más sencillo saludar desde arriba, restregar bien toda la mierda y olvidarse de lo que había al final, porque al fin y al cabo no eres tú.
Y porque supongo que no me importa.
Quise que fueras feliz a mi lado, que te quedaras hasta que el tiempo decidiera que somos lo bastante patosos como para no saber sobrellevar todos nuestros desastres. Quise que fueras tú el que no se conformase con saludar desde arriba. Pensé que quizá tú bajarías conmigo. Pero resulta que tú estabas más abajo, fui yo la que bajo por ti y se acurrucó a tu lado.
Supongo que aprovechaste para subir por encima, colocarte en mi hueco, no lo sé. Me hiciste la de Teseo y ni siquiera conocerás su historia.
No le diste tiempo al tiempo, te lo quedaste y decidiste por los dos que todo saldría mal. Que yo jamás aguantaría a tu lado. Pero te equivocas. Sigo estando a tu lado aún que tú estés lejos. Sigo siendo yo la que se preocupa por ti. Y seré yo la que se quede a pies de tu cama cuando enfermes. Seré yo la que te lea poesía cuando todo sea gris. Cuando el mundo se olvide de tus ojos verdes, seré yo la que describa tus detalles cuándo no recuerdes cómo eras entonces. Y supongo que no te conozco.
He pasado todo este tiempo conociendo a una persona para finalmente darme cuenta de que no sé quién eres.
Y ojalá nunca tengas que arrepentirte. Espero que nunca tengas que decirte lo de "ojalá me hubiera quedado".
Bien, pues vete.
A veces creo que simplemente no estoy hecha para vivir. Que estoy desperdiciando oxígeno, que de tanto hacerlo sin parar me acostumbré a respirar y a derrochar el aire fresco. Y sólo unos pocos sabrán qué significa eso. Y otros pocos que no es mío.
Ni siquiera sé qué quiero estas navidades. Le pedí a mi hermana un cuaderno para escribir. Y tiene mi regalo sobre la cama de mi habitación. Sin envolver, en la bolsa. Ahí.
Pero no me apetece ni mirarlo. No me mal entendáis, quiero saber qué es. Quiero saber cuánto me conoce mi hermana. Pero no quiero fastidiarme la sorpresa. Yo, en cambio, no tengo ningún regalo para nadie. Y tengo todo el dinero ahorrado para ellos.
No sé qué mierdas me creo. No entiendo que hago aquí. Si por fin mi hermana me regala el cuaderno, no volveréis a verme por aquí. Supongo esto lo hacía para que me leyeras, y funcionó. Pero ahora ya no. Ahora soy yo la que necesita esconderse. Quiero que ahora sean ellos quiénes me busquen. Quiero poder ser yo a solas, y disfrutar mientras escribo en el folio. Que no sepas lo que te escribo, porque al fin y al cabo me lo escribo a mí.
Siempre he creído que el amor era un cuento, que no existe, que no era para mí eso de proteger a otra persona.
Ahora veo que lo que odiaba era vuestro prototipo de amor. Que no sois más que una panda de caprichosos.
Te juro que jamás te quise como quieren ellos, que yo te sobrevaloré. Que te vi y desde el primer momento quise que fuese tu cama la que recordase mi cuerpo. Que fuesen tus manos las que se aprendiesen las líneas de las mías, cada centímetro de mi piel. Que fuesen tus ojos los que no me viesen ninguna imperfección porque todas fuesen perfectas para ti.
Y tú estás jodidamente loco. No conozco las líneas de tus manos porque me perdí en tus ojos desde el primer instante, supongo que te diste cuenta. Pero sé dónde acariciarte en la espalda cuando follamos. Sé que te encantan los besos en el cuello, y que te respire cerca de la oreja. Ni siquiera lo entiendo, pero te he besado innumerables veces por detrás de la nunca. Te he abrazado por la espalda cuando desnudos me pedías que cerrase los ojos. Y me sé cada libro de tu estantería, tus frases favoritas de los libros. Lo que te hacían sentir sus historias. Sé que te cansas rápido, que te quejas de mil cosas en un segundo y que me odiabas cada vez que te recordaba la frase escrita en tu pared. La de aquel periódico viejo.
No te conozco, lo sé. No sé qué piensas cuando todo se apaga, cuando la noche entra a tu cuarto y tú sigues despierto.
No sé cuál es tu comida favorita, ni tu color. Ni siquiera recuerdo tu cumpleaños.
Pero sé que podrías haber sido feliz a mi lado. Que te den por culo, ¿vale? Sé que lo habrías sido. Y me da igual tu estúpida manía de querer manejar el tiempo. De querer todo bajo control aunque se te escape de las manos.
Vamos a cambiar de año, de número, de mes, de todo. Me pediste volver a empezar desde el principio. Tú reseteas la memoria en septiembre. Yo ahora quiero hacerlo en enero, quizá marzo.
Te seguiré esperando y lo sabes.
No os deseo feliz navidad a ninguno de los que os habéis parado a leer esto, pero gracias.
Espero que mi regalo sea el cuaderno.
Que no volvamos a vernos.
Y recuérdame siempre, porque yo no te olvido,
tú no me olvides nunca.
domingo, 14 de diciembre de 2014
Cada día más flacos.
que no raya en el mundo pero existe,
así he vivido yo,
iluminado
esa parte de ti que no conoces,
la vida que has llevado junto a mis pensamientos.
Y aunque tú no lo sepas, yo te he visto
cruzar la puerta sin decir que no,
pedirme un cenicero, curiosear los libros,
responder al deseo de mis labios
con tus labios de whisky,
seguir mis pasos hasta el dormitorio.
También hemos hablado en la cama, sin prisa, muchas tardes,
esta cama de amor que no conoces,
la misma que se queda
fría cuando te marchas.
Aunque tú no lo sepas te inventaba conmigo,
hicimos proyectos, paseamos
por todas las ciudades que te gustan,
recordamos canciones, elegimos renuncias,
aprendiendo los dos a convivir
entre la realidad y el pensamiento.
Espiada a la sombra de tu horario
o en la noche de un bar por mi sorpresa.
Así he vivido yo,
como la luz de un sueño
que no recuerdas cuando te despiertas".
- Quique González.
jueves, 4 de diciembre de 2014
Disorder.
Hacía frío, del que se cala en los huesos y la sudadera te sirve para tapar el pecho y poco más. El cielo era tan gris que de un momento a otro esperaba ver dementores cerca. Lo cual hubiese sido una putada porque no me permiten hacer magia fuera de la escuela.
Era uno de esos días en los que no sabía si el tiempo se había puesto de acuerdo conmigo o había sido yo la que le había correspondido. Pero el viento despeinaba mi pelo y poco más podía hacer que dejarle.
Es increíble lo mucho que me recuerda a ti pasear por el pueblo, y lo poco que lo hicimos. A veces no sé si fuimos un error, o si ni siquiera fuimos. Porque sé que el tiempo existe, pero lo nuestro es relativo.
Hace tiempo que ya no te escribo, y empiezo a sentirme culpable porque eso significa que quizá estoy pasando página, y empezar otro folio en blanco sin recordar tus ojos es algo impensable.
Aún me duele recordar tus ojos, y recordarte a ti conmigo, o a ti con ella. Me duele todo y nada me importa. Pero empiezas a ser un recuerdo, cuando lo que yo quise fue tu cuerpo junto al mío.
Y echo de menos que siempre lo jodieses todo, porque contigo nunca se sabe. Porque igual te escribo poesía que simplemente me dejo llevar por mis recuerdos. Pienso en cosas que no han pasado nunca, pero que me habría gustado. Y es quizá eso lo que me está jodiendo de ti, que no supe manejarte. Alguien a quién le gusta tener todo bajo control, y es irónico cuando todo se me escapa de las manos. Nunca he sabido manejar una situación, pero analizo y espero hasta que incluso podría explicarte algo que ni si quiera he hecho, por el simple hecho de que habría observado cada detalle de tus gestos. Los describiría y podría escribir lo que sentiste en aquel viaje en autobús hacía su boca cada viernes.
Y a mí, ¿quién me analiza? ¿por qué no soy capaz de auto analizarme? ¿quizá tengo miedo de todo lo que pueda encontrarme, o de que realmente no me encuentre con nada?
Deberías saber que prefiero esperar a que amaine la tormenta a salir en medio de ella y ponerme a salvo. Aunque la tormenta sea yo y no amaine nunca.
Odio el tabaco, pero me encanta expulsar el humo, odio el olor que deja en mis manos y su sabor me es indiferente. Sólo sé que ahora me recuerdan a tus besos, y cada cigarrillo mata por dos.
Aquel día era gris, sí. Pero nada comparado con el verde de tus ojos, con las manchas de los míos. Con los sueños rotos que hoy nos cortan y nos hacen herida.
Nada de esto habría pasado si yo no hubiese elegido el camino de las drogas. Si jamás hubiese mencionado aquel porro, del que tú intentaste aprovecharte.
De verás no tengo ni idea de lo que escribo, sólo sé que llevo tanto tiempo sin dormir que creo estar en un sueño continuo. La cabeza me da vueltas porque los ojos me pesan, pero debo mantener bajo control todo este desorden. Así que no importa. Mañana será otro día, y será un día menos.
Follaremos como si nunca nos hubiésemos conocido, pero te dejaré esta vez una nota en la que no te sientas atrapado. Dejaré a un lado lo de quererte, porque ni si quiera yo me lo creo. Y hay miedos que son mejor no superarlos. Tu libertad está limitando la mía, y necesito un café a las siete de la mañana si no quieres que me pase el día de morros.
Me dijeron que cualquier chico podría escribir poesía sobre mí, pero aún nadie lo ha hecho. No oigo más que lamentos que no llevan a ninguna parte.
No me gusta relacionarme, el contacto me hace daño. No bromeo, todo me parece absurdo, y ni si quiera me interesa lo más mínimo eso que me estás contando. Mantengo un diálogo conmigo misma cada vez que tus labios empiezan a emitir sonido. Luego asentiré y sonreiré como si lo hubiese entendido y te conformarás con eso; por eso nunca he contado un secreto. Por eso nunca me acuerdo de los nombres.
Por eso me parecéis tan simples y conformes, porque todo se basa en vosotros mismos. Porque os pasáis la vida buscando algo que no existe. Y es triste. El ignorante vive feliz, pero no vive realmente. El que se interesa por conocer se lleva decepciones. Luego estoy yo que intento ser todo lo ignorante que puedo. Que no le veo sentido a nada, y me parece una auténtica putada que no me hayan preguntado si quería existir. Quizá en otra época; ahora todo es una mierda y el día gris me recuerda que no es el día, sino las noches lo que me atormentan. La tormenta que no amaina y todos los besos que no pude darte.
Si algún día escribes sobre mí, intenta dejar a un lado la inestabilidad y toda la oscuridad que desprendo. Céntrate en mis ojos tristes y en todas las manías que tengo. Describe mi pelo y compáralo con algo bonito. Que no se te olviden mis mejillas y las veces que bailo rock and roll en la ducha.
Qué difícil se me está haciendo dejarte ir, ahora solo quiero silencio.
jueves, 27 de noviembre de 2014
Spotless Mind.
Como un
sueño que marchita,
Como una flor que se deshoja,
Como si la vida fuese viento
Y nada haya sido comparado con sus ojos.
Que hablen los poetas y no se atrevan a descifrar su mirada,
Vuelve para poder decirte cuánto me has destrozado
Cuánto tiempo he necesitado para olvidarme de tus arañazos.
¿Y si fuese yo la que lo deja todo a su espalda?
No me comprenden, no he elegido elegir la vida.
Reniego de la primavera si no va a traerme tu perfume.
Que le jodan al invierno si no me calientan tus abrazos.
Que le jodan a las farmacias
Y a los colores rojos de mis mejillas.
Ha sido un placer poder quererte
Pero muchísimo más odiarte.
Y tú sigues diciendo que lo sientes.
Que llore abril
Y sus mil aguas.
Que se muera septiembre
En tus heridas.
Que vuelva mayo para volver a besarte.
Que noviembre sea triste en sus esquinas
Que se joda diciembre y su jodido frío.
Yo quemo más que todos tus incendios.
Quizá debiste apagarlos antes de besarme.
O quizá debí rendirme cuando aún estaba a tiempo de no matarme.
Dile adiós a mis suspiros en tu oído.
A todas las horas muertas.
Coge mi odio y fúmate otro cigarrillo.
Vuelve a mirarme de reojo,
Tatúate mis pestañas a la espalda.
Porque allí me quedé dormida
Mientras tú huías
De todas las sonrisas que hacían débil
Al niño de la reputación de fuerte.
Que te jodan si prefieres discutir
A volver a abrazarme en tu cuarto
Mientras te digo que no me faltes nunca.
Vuelve cuando quieras, porque estaré jodida en una esquina
Donde tú tiraste mis pedazos y no quisiste cortarte.
Donde firmaste que no tenías la obligación de hacerlo.
Puede que yo jugase mal mi parte
Y que realmente seas un jodido embaucador que flipas.
Yo sólo quise follarte y lo hice
Si cuando fui a amarte sólo me encontré con ruinas.
Hablabas de roma como quien miraba tus ojos
Hablabas del amor y de lo jodido que era perder
Tu último mechero,
Y qué más da, si volveré a robarme otros cinco.
Y qué más da, si todos mis caminos conducían a tu calle.
Háblame ahora que te echo en falta
Que todo me sale mal y sólo avanzan las horas
Y se me aprietan al cuello como una soga.
Si alguna vez dije “te quiero”,
Sin duda alguna iba borracha.
Pero si dije “quédate”, joder,
Estaba jodidamente enamorada.
No hablo de príncipe y princesa.
Hablo de chico conoce a chica
Y la chica es emocionalmente inestable.
De chico con trastornos bipolares.
De dos enfermos de psiquiátrico
Besando cada parte de su cuerpo.
Que esta noche no me ceben a pastillas
Que quiero verte dormir
Y durante un tiempo parecer
Que has muerto y no vas a hacerme daño.
Como ves siempre ha tratado de mí
Y de mi corazón inestable
De mí y mi obsesión conmigo misma
De no querer volver a dañarme
Ni un solo rincón más del corazón
Que se ha cansado de cicatrices.
Pero entre todo mi yo
Existía un tú que no hacía más que gritar mi nombre
De joderme la puta vida por entrar dentro
Y después salir como el que rompe un espejo.
Mírame ahora que estoy sincera
Que mis lágrimas han limpiado mis retinas
Y puedo verte las heridas.
Mírame ahora que somos tan iguales
Porque siempre quise follarme a mí misma.
De todas tus putadas
Me quedo con la que dijiste “te quiero”
Y sin duda con la de follarnos en portales.
Jamás quise esto para ninguno
Y sin embargo no he sabido hacer otra cosa.
Recuerdo hacerte una promesa
Que no llegué a cumplir por tu culpa.
Recuerdo haberte escrito un adiós en la servilleta
Cuando aún ni siquiera me habías dicho hola.
Porque supe que esto pasaría
Y quise arriesgarme por si me equivocaba
Pero no falla,
Ya sabes,
El 95%.
No diré que me arrepiento
Porque volvería a hacerlo mil veces
Pero esta vez apostaré por mi bajo vientre
Para que disfrute y se deje de gilipolleces.
Como una flor que se deshoja,
Como si la vida fuese viento
Y nada haya sido comparado con sus ojos.
Que hablen los poetas y no se atrevan a descifrar su mirada,
Vuelve para poder decirte cuánto me has destrozado
Cuánto tiempo he necesitado para olvidarme de tus arañazos.
¿Y si fuese yo la que lo deja todo a su espalda?
No me comprenden, no he elegido elegir la vida.
Reniego de la primavera si no va a traerme tu perfume.
Que le jodan al invierno si no me calientan tus abrazos.
Que le jodan a las farmacias
Y a los colores rojos de mis mejillas.
Ha sido un placer poder quererte
Pero muchísimo más odiarte.
Y tú sigues diciendo que lo sientes.
Que llore abril
Y sus mil aguas.
Que se muera septiembre
En tus heridas.
Que vuelva mayo para volver a besarte.
Que noviembre sea triste en sus esquinas
Que se joda diciembre y su jodido frío.
Yo quemo más que todos tus incendios.
Quizá debiste apagarlos antes de besarme.
O quizá debí rendirme cuando aún estaba a tiempo de no matarme.
Dile adiós a mis suspiros en tu oído.
A todas las horas muertas.
Coge mi odio y fúmate otro cigarrillo.
Vuelve a mirarme de reojo,
Tatúate mis pestañas a la espalda.
Porque allí me quedé dormida
Mientras tú huías
De todas las sonrisas que hacían débil
Al niño de la reputación de fuerte.
Que te jodan si prefieres discutir
A volver a abrazarme en tu cuarto
Mientras te digo que no me faltes nunca.
Vuelve cuando quieras, porque estaré jodida en una esquina
Donde tú tiraste mis pedazos y no quisiste cortarte.
Donde firmaste que no tenías la obligación de hacerlo.
Puede que yo jugase mal mi parte
Y que realmente seas un jodido embaucador que flipas.
Yo sólo quise follarte y lo hice
Si cuando fui a amarte sólo me encontré con ruinas.
Hablabas de roma como quien miraba tus ojos
Hablabas del amor y de lo jodido que era perder
Tu último mechero,
Y qué más da, si volveré a robarme otros cinco.
Y qué más da, si todos mis caminos conducían a tu calle.
Háblame ahora que te echo en falta
Que todo me sale mal y sólo avanzan las horas
Y se me aprietan al cuello como una soga.
Si alguna vez dije “te quiero”,
Sin duda alguna iba borracha.
Pero si dije “quédate”, joder,
Estaba jodidamente enamorada.
No hablo de príncipe y princesa.
Hablo de chico conoce a chica
Y la chica es emocionalmente inestable.
De chico con trastornos bipolares.
De dos enfermos de psiquiátrico
Besando cada parte de su cuerpo.
Que esta noche no me ceben a pastillas
Que quiero verte dormir
Y durante un tiempo parecer
Que has muerto y no vas a hacerme daño.
Como ves siempre ha tratado de mí
Y de mi corazón inestable
De mí y mi obsesión conmigo misma
De no querer volver a dañarme
Ni un solo rincón más del corazón
Que se ha cansado de cicatrices.
Pero entre todo mi yo
Existía un tú que no hacía más que gritar mi nombre
De joderme la puta vida por entrar dentro
Y después salir como el que rompe un espejo.
Mírame ahora que estoy sincera
Que mis lágrimas han limpiado mis retinas
Y puedo verte las heridas.
Mírame ahora que somos tan iguales
Porque siempre quise follarme a mí misma.
De todas tus putadas
Me quedo con la que dijiste “te quiero”
Y sin duda con la de follarnos en portales.
Jamás quise esto para ninguno
Y sin embargo no he sabido hacer otra cosa.
Recuerdo hacerte una promesa
Que no llegué a cumplir por tu culpa.
Recuerdo haberte escrito un adiós en la servilleta
Cuando aún ni siquiera me habías dicho hola.
Porque supe que esto pasaría
Y quise arriesgarme por si me equivocaba
Pero no falla,
Ya sabes,
El 95%.
No diré que me arrepiento
Porque volvería a hacerlo mil veces
Pero esta vez apostaré por mi bajo vientre
Para que disfrute y se deje de gilipolleces.
sábado, 22 de noviembre de 2014
Pienso, luego sufro.
Cuando te das cuenta de que lo que haces es completamente estúpido, ya es demasiado tarde. Ya te has enganchado a otro infierno de lluvias de sangre. De ojos inundados de recuerdos rotos.
Ya llevas otra sangre que no es tuya, que se mezcla y te destruye. Pero es domingo y te despiertas pensando en el café, en todas las veces que has desperdiciado tu vida.
Comienza la autodestrucción. La que te da dolor de cabeza y de estómago. Pero no hay cojones a llorar por nada. Yo que sé, no quedan lágrimas.
Recaes en un infierno sin luces, del que creíste haber salido. Del que no saldrás nunca. Porque los demonios lo llamamos hogar.
¿Por qué te fuiste?
Le hablo a mi pasado. A las sonrisas que no tuve. A todo el amor que no he dado, porque estoy vacía.
Lo tenía todo a mi favor, para no torcerme, para haber escogido otro camino.
Pero era una niña con demasiado odio en los ojos, con demasiada carga sobre los hombros.
¿Qué esperabas que hiciese?
No miento cuando digo que estoy triste, que llevo así más tiempo del que habla de un día malo, del que habla de una mala racha. Que yo hablo de una vida sin esperanza, de que a nadie parece importarle los cristales rotos. De que no hay dios que me salve.
Hablo de cuatro años escondida en sudaderas XL, de capuchas, grinder y mechero. De cuatro años que parecen siglos.
Y aún sé que me queda toda la vida para seguir siendo una mierda. O de intentar llevar las riendas de un futuro incierto que se aleja, porque esa cuchilla me está rozando las venas.
"Que no te digan que no puedes, nena" y te fuiste como si te importase una mierda. Como si supieras que destruyo lo que toco, pero a ti te regalé caricias. No convertí mi piel en lija, como cheb. Te dije que quería tus demonios, y te largaste de mi infierno.
Y en lugar de un "no te vayas"; "tú verás".
Que no te digan que nunca fui importante, que sigo perdida en tu paraíso de lunares. Que yo existo y tú existes. Y eso a nadie parece importarle.
Estoy desnudando mi alma, mis miedos; a alguien cualquiera. Y duele.
No sabéis lo que duele desnudarse en un folio en blanco, y regalarlo porque tú ya no lo quieres. Porque igual alguien lo aprecia.
Porque confío en que alguno sabrá leer entre líneas.
Y confío en que volveré a cagarla.
No finjas conmigo; que se calle el ruido que no me deja expresarme. Que se paren los latidos, que vuelvas a abrazarme.
Jamás sabré poner fin a nada de lo que hago.
No me despido porque nunca fui de nadie.
Ojalá tengas el sexto sentido;
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