I.
Qué te pasa - dice.
Y me remango la camisa
Como si no lo supiera
Aquí arderá Troya.
Le pido un beso,
un gesto
y me bajo las braguitas
Me mira a los ojos y me miente
a mí no me engaña.
Abro las piernas y dejo que entre
otra noche de pánico entre las sábanas
otra noche de tiritos;
de tiritas para el alma.
Suena la alarma y aún no he dormido nada
hago el café y me siento a esperar
(que todo haya pasado y llegue el funeral)
Qué me pasa - dice.
Cierro los ojos y espero despertar
de esta pesadilla que no acaba
tengo el revólver bajo la almohada
por si algún demonio me hace apretar el gatillo.
Bom.
Se acabó. Fuera.
II.
(Desastres)
Mienten tus ojos
cuando me dicen "lo siento"
cuando prometo
que estoy tratando de salir de mis abismos.
Bajo la guardia un segundo
no me conoces
no me analices
te llevo horas mirando.
Te vas
y vuelves con más fuerza
yo ya me puse la coraza
¿tú dónde estás?
Hice principios
en el punto y final del cuento
de las veces que estuve en tu cuarto
y no me miraste a los ojos.
Ya no quiero verte
vuelvo al abismo
dejo escapar el humo
Vuelve cuando quieras - dijiste.
Saco otro cigarrillo
te odio.
te quiero.
(Eres un capullo).
Grito en silencio:
vete
quédate
Y ya no queda nada. Sólo el espacio.
Vuelvo a la cama
te quise y te fuiste
me fui y tú viniste
ninguno puso la alarma.
No me despiertes
si no es para follar
hay un par de cigarrillos en la mesilla
coge los billetes
y púdrete conmigo.
III.
(...)
Te he escrito un poema;
se llama: "la sudadera que me debes"
y habla de follar en portales
de mirarnos los miedos de frente
e ignorar nuestros ojos.
Lo he roto un millón de veces
y lo he quemado con el mechero sin gas
(no preguntes cómo)
Hace semanas que no nos vemos
y he vuelto a pasar por aquel bar
creí que hablaban de mí tus palabras tristes
por eso me enfadé aquella tarde.
Tampoco me sorprende.
Me queda una pastilla (solo)
y estoy muerta de pánico
- para o tendrás que gastarla -
me automedico lo que veo necesario.
Cojo otro cigarrillo
y tú ni siquiera estás mirando.
Quizá vuelva algún día
si es que alguna vez me marcho.
Te veo triste (- me dicen)
pues no me había fijado
¿tú crees?
No se acaba esta tortura
no se callan las voces
tendré que pegarme un tiro en las sienes
y escribir una carta de suicidio:
"perdón por el desorden"
y mis sesos esparcidos por las paredes.
Cogeré un revólver (porque suena poético)
quizá escriba sobre mí algún poeta muerto
pero me esperaba una muerte menos triste
siempre he querido morir de un orgasmo
o de un apocalipsis zombie.
Pero el caso es morir,
la desgracia es que no ocurra.
"Eres la peor cosa que me ha pasado en la vida" - me grita el espejo.
O yo a él. Otro lunes de mierda (triste)
otro día que no piso el cementerio.
Solía ser encantadora, pero perdió la fe en sí misma; es un monstruo, es una pérdida humana infecciosa, buena suerte tratando de salvarla.



No hay comentarios:
Publicar un comentario