martes, 10 de marzo de 2015
la chica del millón de dólares
Estaba pensando en las infinitas ganas de morirme entre las cuatro paredes de esta habitación y que, sin embargo, rogaría piedad si alguien apareciese apuntándome con un arma. No tengo mucho dinero, ni tampoco nada que ofrecer al mundo. Supongo que ni siquiera podría ocurrir. Nadie malgastaría su tiempo en apuntarme con un arma, y mucho menos en apretar el gatillo. Y no sé si es un alivio.
Estoy tratando de abrir el libro y estudiar un poco, llegar al examen y clavarlo. Que mi madre se sintiera orgullosa. Que yo me sintiera orgullosa.
En cambio, estoy sentada en el sofá leyendo un libro, fumando un cigarrillo y contando historias a alguien que ni siquiera conozco. Podrías dejar de leer y no malgastar tu tiempo en mis mierdas. Ni siquiera habrás leído el auxilio de entre líneas que dejo en cada texto. Tampoco has visto mis ojos, no sabes que tengo manchas marrones al rededor del iris, que estoy cansada de explicarlo; son pecas. Ni tampoco me has visto las ojeras, ni me preguntas cómo estoy, ni yo doy mil rodeos, te digo mil cosas y al final no te he dicho nada. Ya has olvidado la pregunta y vuelves a tus cosas. Cada uno con lo suyo.
Sácame de aquí. Estoy sola rodeada de gente, me pesan los párpados. Cierro los ojos con fuerza, pero voy ciega. Muchísimo. Y tengo la sensación de que todo el mundo está en mi contra, no bajo la guardia ni un segundo, pero no veo más allá de mis narices. No dejo de mojarme los labios, y los brakets se me enganchan en las mejillas. Tengo heridas y los labios cortados. Da igual, ya he perdido la cuenta de las caladas que le he dado. He liado tantos que casi no quiero más. Mierda, ya lo tengo entre los labios y el mechero está encendido. ¿Yo para quién hablo?
No soy sexy, no soy la chica que camina con tacones y se gira toda la disco; soy la que odia la disco y el alcohol que no sea Whisky ni cerveza. No tengo unos ojos azules y grandes, son marrones, caídos y un poco bizcos cuando no sé dónde mirar. No tengo unos labios perfilados, son gorditos y agrietados.
No llevo escote, ni tengo las tetas enormes, más bien podría ser un hombre e incluso algunos tendrían más que yo. No llevo pantalones cortos ni con 40°C, no lo sé, llámame loca. Tengo unas piernas perfectas, pero eso qué importa. Tengo curvas y un culo de 10, pero tendré que ir desnuda o subirme la camiseta para que puedas llegar a verlo. Follo bien, o eso creo. Supongo tampoco tiene importancia.
No soy la chica que te dedica canciones de amor, más bien la que te envía 'Helena - The Misfits' y se ofende si la llamas guapa. No soy la chica que te envía un texto en whatsapp diciendo lo mucho que te echa de menos, soy la que llega a casa y tira el móvil en la mesa. Mañana será otro día. No soy la que insinúa que quiere acostarse contigo, soy la que te mira a los ojos y te lo dice directamente, sin rodeos.
La que se enciende el cigarrillo después del polvo y se queda mirando a la nada, no preguntes, yo tampoco lo sé. Soy la que no se enamora nunca, y se enamora del capullo que es igual que ella y la deja en la cama mientras ella quiere quedarse a abrazarle.
Soy de las que cree en el karma, de las que te miran a los ojos y ya saben de qué pie cojeas. La que está callada en el fondo y analiza a medio garito. La que escribe palabras vacías en un folio y luego se las fuma.
La chica sin futuro que nadie quiere, la de los ojos tristes y la sonrisa de mierda. La que tiene el autoestima por los suelos y a veces se para a pisarla. La masoca que vuelve para tropezarse otras 30 veces con la misma piedra pero pone punto final y se larga. Pero sólo cuando lo pone, ten paciencia, tardará lo justo. En el momento más inoportuno, entonces es cuando lo hará. Esa soy yo. La que apuesta al 14 y cuando apuesta al 3 sale el anterior. La que guarda todo dentro hasta que estalla, y nadie sabe qué ha pasado. "Joder, tampoco es para tanto"
La que no llora nunca hasta que muere un animal en la peli. La chica que todos buscan, por apariencia, por el morbo de la locura. Porque está loca. Porque es divertida y folla de puta madre. Pero empieza a acojonar cuando tiene cambios bruscos de humor, porque se ha cansado. Porque paso de aguantar sus movidas. Tampoco la quería tanto.
La chica del hola y adiós, la del porro y la cerveza y la música ska. La que a veces llora cuando se acuerda de ella. La chica perdida que no tiene valor, porque ella se lo quita. Porque nadie la quiere. La chica que no grita en el parque de atracciones, la del café a las siete de la mañana, pero también el de las seis de la tarde. La chica que juega a los videojuegos pero no tiene ni puta idea, y se pica si la ganas. En serio, cuidado, no la ganes ni te dejes ganar. Sólo apaga la consola y follatela en el sofá. Luego dale un beso en la frente y abrazala, pero no dejes que respire.
Soy esa;
pero no ella.
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