Aquella mañana ella estaba preciosa, el mechón de pelo que era más largo que el resto le caía por el rostro y rozaba sus labios con ternura, esperando para que yo lo retirase y pudiese besarla. Sin embargo, tenía la cara triste, sus ojos me gritaban auxilio y sus labios parecían cansados. Tiritando para controlar que no le escapase ni una sola lágrima.
La acerqué contra mi pecho y dejé que escuchase mis latidos.
Sequé sus lágrimas y le traje su taza de café diaria a la cama. No se le pueden pedir sonrisas a la tristeza, pero ella lo hacía y el mundo era demasiado pequeño en comparación.
Dio el primer sorbo con miedo, y me miró de reojo.
Ojalá supiera lo mucho que valen sus ojeras, su mirada triste y todas sus cicatrices.
Coge un cigarrillo, papel y el chivato de la mesilla. Termina y se lo coloca entre los labios, y es increíble como algo mortal me parece precioso cuando es ella la que enciende el mechero y no da tiempo a que el viento apague su miseria.
Deja escapar el humo. Respira hondo y da un trago a su café. Nada le importa una mierda y está desnuda sobre mis sábanas. Tiene sus tetas descubiertas y se tumba hacía atrás y da otra calada más. Noto cómo se inflan sus pulmones y como su pecho le marca las costillas cuando se tumba. También su cadera es ahora más delgada y las sábanas no me dejan ver más. Cosa que la hace más sexy y misteriosa. Vuelve a llenar sus pulmones de esa mierda. Cierra los ojos y piensa en la muerte. Sonríe.
Ya habrá tiempo para eso.
Mientras tanto se deja el pelo despeinado y baila desnuda por la casa; canta y me sonríe cuando le pido que me bese.
Mientras tanto se deja el pelo despeinado y baila desnuda por la casa; canta y me sonríe cuando le pido que me bese.
Recoge su pelo en un moño que deja a la vista su piel; y el pelo se descoloca entre la goma del coletero. Deja dos mechones caer sobre sus mejillas y deja al descubierto los dos lunares de la clavícula.
Sale de la cama y coge mi camiseta de "Santa Cruz" azul, naranja y blanca; con el logo de la mano a la espalda y se pone las braguitas azules de encaje que tanto me gustan. Se tira en el sofá y me invita a su lado, me besa tan despacio que casi puedo saborear aún el humo que desprende su boca. Rodea mi cintura con sus piernas y me pide que le diga cuánto la quiero. Sonrío y la beso. Y sé que con eso le basta, que pasa de palabras vacías y me abraza con fuerza.
Y me mira de esa forma tan extraña. Su mirada inquieta que no sabe dónde pararse. Que me analiza en un segundo y no deja que mi mirada sea triste aunque la suya se esté muriendo poco a poco. Y sonríe tantas veces que me confunde. La oigo reír a carcajadas y pone las noticias para burlarse.
"Cariño, no te preocupes, todo va bien. Las noticias dicen que estamos saliendo de la crisis, que la educación cada vez es mejor y que el paro está bajando" y ríe irónicamente "¡igual es porque los trabajadores se van del país a "transitar Alemania" porque aquí ya no queda nada!" y escucho el mechero. Es una jodida cría, y apaga la tele.
Deja la habitación cerrada y entre abre la persiana. Hay tanto humo en la habitación que yo también estoy colocado. Y sigue estando preciosa.
"Te he escrito un poema", me dice. Y se pone a recitar:
Anoche pensaba en la muerte
me besaba y me cogía de la mano
yo miré tus labios y me quedé inerte
me dijo que nada de esto había pasado.
Desperté y te vi dormido,
a mi lado como siempre
me acurruqué a tu lado
y te abracé como de costumbre.
Quizá tú no lo sepas
porque no suelo decírtelo
pero gracias
por todo lo que me das sin pedírtelo.
No te mereces mi tristeza, ni mis malas caras
anoche me despertó la muerte
con ganas de tenerme entre sus garras.

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