Anoche tampoco dormí una mierda,
supongo que no va a cambiar mi suerte nunca.
Hace tiempo que he dejado de sentir nada,
y todo empieza a deshacerse poco a poco.
Hoy es noche buena, o mala, o a secas.
Ayer me preguntaron si me pondría sexy; qué tonterías, como si no lo fuese ya. No sé qué me ocurre. Ya he dejado de escribir (como lo hacía antes), odio a cada una de las personas que me rodean porque ninguna se da cuenta de que me estoy hundiendo. Que llevo tiempo ahí abajo, pero supongo que es más sencillo saludar desde arriba, restregar bien toda la mierda y olvidarse de lo que había al final, porque al fin y al cabo no eres tú.
Y porque supongo que no me importa.
Quise que fueras feliz a mi lado, que te quedaras hasta que el tiempo decidiera que somos lo bastante patosos como para no saber sobrellevar todos nuestros desastres. Quise que fueras tú el que no se conformase con saludar desde arriba. Pensé que quizá tú bajarías conmigo. Pero resulta que tú estabas más abajo, fui yo la que bajo por ti y se acurrucó a tu lado.
Supongo que aprovechaste para subir por encima, colocarte en mi hueco, no lo sé. Me hiciste la de Teseo y ni siquiera conocerás su historia.
No le diste tiempo al tiempo, te lo quedaste y decidiste por los dos que todo saldría mal. Que yo jamás aguantaría a tu lado. Pero te equivocas. Sigo estando a tu lado aún que tú estés lejos. Sigo siendo yo la que se preocupa por ti. Y seré yo la que se quede a pies de tu cama cuando enfermes. Seré yo la que te lea poesía cuando todo sea gris. Cuando el mundo se olvide de tus ojos verdes, seré yo la que describa tus detalles cuándo no recuerdes cómo eras entonces. Y supongo que no te conozco.
He pasado todo este tiempo conociendo a una persona para finalmente darme cuenta de que no sé quién eres.
Y ojalá nunca tengas que arrepentirte. Espero que nunca tengas que decirte lo de "ojalá me hubiera quedado".
Bien, pues vete.
A veces creo que simplemente no estoy hecha para vivir. Que estoy desperdiciando oxígeno, que de tanto hacerlo sin parar me acostumbré a respirar y a derrochar el aire fresco. Y sólo unos pocos sabrán qué significa eso. Y otros pocos que no es mío.
Ni siquiera sé qué quiero estas navidades. Le pedí a mi hermana un cuaderno para escribir. Y tiene mi regalo sobre la cama de mi habitación. Sin envolver, en la bolsa. Ahí.
Pero no me apetece ni mirarlo. No me mal entendáis, quiero saber qué es. Quiero saber cuánto me conoce mi hermana. Pero no quiero fastidiarme la sorpresa. Yo, en cambio, no tengo ningún regalo para nadie. Y tengo todo el dinero ahorrado para ellos.
No sé qué mierdas me creo. No entiendo que hago aquí. Si por fin mi hermana me regala el cuaderno, no volveréis a verme por aquí. Supongo esto lo hacía para que me leyeras, y funcionó. Pero ahora ya no. Ahora soy yo la que necesita esconderse. Quiero que ahora sean ellos quiénes me busquen. Quiero poder ser yo a solas, y disfrutar mientras escribo en el folio. Que no sepas lo que te escribo, porque al fin y al cabo me lo escribo a mí.
Siempre he creído que el amor era un cuento, que no existe, que no era para mí eso de proteger a otra persona.
Ahora veo que lo que odiaba era vuestro prototipo de amor. Que no sois más que una panda de caprichosos.
Te juro que jamás te quise como quieren ellos, que yo te sobrevaloré. Que te vi y desde el primer momento quise que fuese tu cama la que recordase mi cuerpo. Que fuesen tus manos las que se aprendiesen las líneas de las mías, cada centímetro de mi piel. Que fuesen tus ojos los que no me viesen ninguna imperfección porque todas fuesen perfectas para ti.
Y tú estás jodidamente loco. No conozco las líneas de tus manos porque me perdí en tus ojos desde el primer instante, supongo que te diste cuenta. Pero sé dónde acariciarte en la espalda cuando follamos. Sé que te encantan los besos en el cuello, y que te respire cerca de la oreja. Ni siquiera lo entiendo, pero te he besado innumerables veces por detrás de la nunca. Te he abrazado por la espalda cuando desnudos me pedías que cerrase los ojos. Y me sé cada libro de tu estantería, tus frases favoritas de los libros. Lo que te hacían sentir sus historias. Sé que te cansas rápido, que te quejas de mil cosas en un segundo y que me odiabas cada vez que te recordaba la frase escrita en tu pared. La de aquel periódico viejo.
No te conozco, lo sé. No sé qué piensas cuando todo se apaga, cuando la noche entra a tu cuarto y tú sigues despierto.
No sé cuál es tu comida favorita, ni tu color. Ni siquiera recuerdo tu cumpleaños.
Pero sé que podrías haber sido feliz a mi lado. Que te den por culo, ¿vale? Sé que lo habrías sido. Y me da igual tu estúpida manía de querer manejar el tiempo. De querer todo bajo control aunque se te escape de las manos.
Vamos a cambiar de año, de número, de mes, de todo. Me pediste volver a empezar desde el principio. Tú reseteas la memoria en septiembre. Yo ahora quiero hacerlo en enero, quizá marzo.
Te seguiré esperando y lo sabes.
No os deseo feliz navidad a ninguno de los que os habéis parado a leer esto, pero gracias.
Espero que mi regalo sea el cuaderno.
Que no volvamos a vernos.
Y recuérdame siempre, porque yo no te olvido,
tú no me olvides nunca.

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