Pienso, luego sufro.
Cuando te das cuenta de que lo que haces es completamente estúpido, ya es demasiado tarde. Ya te has enganchado a otro infierno de lluvias de sangre. De ojos inundados de recuerdos rotos.
Ya llevas otra sangre que no es tuya, que se mezcla y te destruye. Pero es domingo y te despiertas pensando en el café, en todas las veces que has desperdiciado tu vida.
Comienza la autodestrucción. La que te da dolor de cabeza y de estómago. Pero no hay cojones a llorar por nada. Yo que sé, no quedan lágrimas.
Recaes en un infierno sin luces, del que creíste haber salido. Del que no saldrás nunca. Porque los demonios lo llamamos hogar.
¿Por qué te fuiste?
Le hablo a mi pasado. A las sonrisas que no tuve. A todo el amor que no he dado, porque estoy vacía.
Lo tenía todo a mi favor, para no torcerme, para haber escogido otro camino.
Pero era una niña con demasiado odio en los ojos, con demasiada carga sobre los hombros.
¿Qué esperabas que hiciese?
No miento cuando digo que estoy triste, que llevo así más tiempo del que habla de un día malo, del que habla de una mala racha. Que yo hablo de una vida sin esperanza, de que a nadie parece importarle los cristales rotos. De que no hay dios que me salve.
Hablo de cuatro años escondida en sudaderas XL, de capuchas, grinder y mechero. De cuatro años que parecen siglos.
Y aún sé que me queda toda la vida para seguir siendo una mierda. O de intentar llevar las riendas de un futuro incierto que se aleja, porque esa cuchilla me está rozando las venas.
"Que no te digan que no puedes, nena" y te fuiste como si te importase una mierda. Como si supieras que destruyo lo que toco, pero a ti te regalé caricias. No convertí mi piel en lija, como cheb. Te dije que quería tus demonios, y te largaste de mi infierno.
Y en lugar de un "no te vayas"; "tú verás".
Que no te digan que nunca fui importante, que sigo perdida en tu paraíso de lunares. Que yo existo y tú existes. Y eso a nadie parece importarle.
Estoy desnudando mi alma, mis miedos; a alguien cualquiera. Y duele.
No sabéis lo que duele desnudarse en un folio en blanco, y regalarlo porque tú ya no lo quieres. Porque igual alguien lo aprecia.
Porque confío en que alguno sabrá leer entre líneas.
Y confío en que volveré a cagarla.
No finjas conmigo; que se calle el ruido que no me deja expresarme. Que se paren los latidos, que vuelvas a abrazarme.
Jamás sabré poner fin a nada de lo que hago.
No me despido porque nunca fui de nadie.
Ojalá tengas el sexto sentido;
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