Me dijo:
"Chica,
deja de joderte la vida
o dejaré de tener sentido en ella".
Y yo que sé, ya llevaba el cigarrillo a medias.
Y lo habría tirado de haberlo sabido.
Todo, incluso el grinder que compré
en septiembre, cuando la cosa se empezó a torcer de cojones.
Incluso los cinco euros
que me costó la yerba
porque no tenía más dinero.
Y cuando todo dejó de tener sentido
tú lo dejaste todo en mis manos
y ya te habías llevado todo mi orgullo.
No sé qué cojones esperabas que hiciera.
No creas que te estoy echando la culpa
de que no te quedaras.
Al fin y al cabo,
ambos dijimos que ninguno
de los dos podía enamorarse del otro
o todo se iría a la mierda.
Viniste pidiendo que te jodiese la vida
y ya no quedan cigarrillos
para jodertela.
Y yo sólo quería hacerte el amor
y me daba igual dónde.
Podría haber hecho de tu infierno
el mejor sitio de tu vida
porque te habría follado
hasta el corazón.
Pero le pedí demasiado
a tus demonios.
No te culpo,
yo también quise joderte la vida
cuando tus ojos empezaron
a no dejarme dormir.
No me mal interpretes
habría dormido contigo
todas las noches
a pesar de tu respiración de mierda.
Y no habría dicho nada más al respecto
que un simple "gilipollas" a tiempo.
Y que de fondo
de todo este cuento de mierda
sonase Johnny Cash a todas horas.
Y un poco de jazz en el desayuno.
Y rock n' roll en la ducha.
Pero tu cama ya no recuerda mi perfume
y no veas qué putada.
No te preocupes por mí
que seguiré jodiendome la vida
sin tus ojos.
Que ya que he perdido el juego
al menos quiero saborear la derrota
porque sinceramente
nunca quise ganarlo.
Pero chico,
ojalá me recuerdes siempre
porque no tengo cojones
de olvidarte.
Y esto me jode más a mí que a ti.
Que el hecho de que me haya ido
sin hacer ruido
es porque
tu silencio es lo único que conservo.
Y prefiero no romperlo.
Pero te echo de menos
cuando me corro, sobre todo.
No dejes de leer la nota de suicidio
que dejé sobre tus sábanas.
Y cuídate;
sobre todo cuídate.

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