lunes, 7 de diciembre de 2015
love will tear us apart, again #2
Llevamos cinco minutos en silencio, la música del garito se escucha cada vez más al fondo y empiezo a tararear el ritmo. Noto sus ojos clavados en mí, esperando una respuesta a su presencia, pero estoy tratando de convencerme, de ignorar que esto está pasando y que yo lo estoy permitiendo.
- ¿Vas a decirme algo, hija de la ruina? - rompe el silencio con esa forma suya. Y yo finjo no escucharle. - Laura - me coge del brazo y se pone frente a mí.
Yo me he parado en seco y le miro los cordones de los zapatos. Quito mi mirada un segundo y vuelvo a sacar otro cigarrillo. ¿Qué coño espera que le diga?
Alzo la mirada y le observo en silencio. No sé si porque le odio tanto como le quiero, o porque llegado el momento el alcohol me da sueño. De una forma u otra, sé que no estoy para sus juegos.
- ¿Estás bien? - está gritándome. Le oigo gritar de fondo, y sin embargo le tengo frente a mí. - Laura, qué coño haces, levántate.
¿Qué coño dice? Aparto los ojos de su mirada y se vuelve todo negro.
Según abro los ojos, las imágenes empiezan a hacerse nítidas y ahogo un grito. Los muebles, la cama, los pósteres. Todo empieza a parecerme familiar. De repente recuerdo estar con Héctor en la calle y miro bajo las sábanas. No estoy desnuda, pero llevo calzoncillos y una camiseta que no es mía.
Veo los libros en la estantería y sonrío recordándolo todo. La habitación está a oscuras y sólo se ve un poco por la luz que deja entrar los recuadros de la persiana. Busco la puerta y la abro.
Una bofetada de luz me cierra los ojos.
- ¿Héctor? - susurro lo más fuerte que puedo mientras sigo caminando.
Llego al salón y le veo durmiendo en el sofá. «Menudo payaso», pienso.
Voy a la cocina y me hago un café. Me lo pienso dos veces antes de hacerlo, y le preparo un vaso de leche a él también. Llevo todo en silencio al salón y lo pongo sobre la mesa.
Me he quedado de pie frente a él, le miro. Su pelo rizado despeinado sobre sus mofletes. Lo tierno que parece mientras duerme.
Tomo mi café y vuelvo a la habitación a hacer la cama. Encuentro mi ropa sobre la silla y me cambio, busco en su mesilla un papel y un boli. Lo tiene todo desordenado, lleno de cajetillas de tabaco vacías y ceniceros llenos de ceniza y colillas. Los libros apilados unos encima de otros, los discos de Joy Division y esa estúpida hucha de c3po.
Por fin veo papeles donde al parecer ha estado escribiendo. Ignoro todo aquello y cojo un papel en blanco y escribo un simple y grotesco «gracias». Lo pongo sobre la cama y hecho un último vistazo al salón, sigue allí tal y como lo había dejado.
Cierro la puerta y me largo.
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